Martes de la 17ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, Jesús dejó a la gente y se fue a su casa. Sus discípulos se le acercaron y le dijeron: «Acláranos la parábola de la cizaña del campo». El les contestó: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores, los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su Reino a todos los corruptores y malvados, y los arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga». (Mateo 13, 36-43). 1. Entre los que habían escuchado la parábola del trigo y la cizaña, que meditábamos el sábado, parece que hubo quienes se contentaron con lo que, más o menos, habían comprendido. Los discípulos, por el contrario, muestran una actitud distinta. Parece que la parábola no les ha quedado del todo clara, y desean profundizar en el mensaje que Jesús ha pretendido enseñarles. Por eso, ya en casa, le piden: «Acláranos la parábola de la cizaña del campo». Jesús comprendiendo que no han entendido del todo el sentido de su mensaje y lo que quieren es profundizar en él, se la explica…Yo ¿en dónde estoy: entre los que quedan insatisfechos y desean profundizar en el mensaje de Jesús, o soy de los que se contentan con lo mínimo? Señor, dame hambre de ti y de tu mensaje; que te busque y dedique tiempo para escucharte y ahondar más y más en lo que quieres de mí. Háblame, Señor. Desvélame cada vez más tu mensaje de amor. 2. “La buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; la cosecha es el fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su Reino a todos los corruptores y malvados, y los arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre.” En el campo del mundo, de la Iglesia, de la comunidad, hay gente buena: son los ciudadanos del Reino, es decir, las personas que acogen y han hecho suyo el programa de las Bienaventuranzas anunciado por Jesús. Pero hay también amigos del Maligno, que son quienes, seducidos por el diablo, se cierran a las llamadas de Dios y optan por vivir para el prestigio, el poder y la riqueza. Ante esa actitud el Señor, pacientemente, calla y permite que convivan buenos y malos; pero un día -al final-, él dirá su sentencia: como el labrador quema la cizaña cuando llega la siega, así, al final, los malvados serán enviados al horno encendido, al infierno, donde no habrá felicidad ni esperanza, sino llanto y rechinar de dientes por la rabia de haber desaprovechado la vida; en cambio -como el trigo es guardado en los graneros-, así los justos serán enviados a la gloria del Padre, a la luz de la felicidad y la alegría. ¡Qué suertes tan distintas, Señor! Todo depende del camino que cada uno escojamos: ser amigos del Maligno, siguiendo el camino del desamor, que conduce al fracaso de la vida, o ser ciudadanos del Reino, siguiendo el camino del amor que conduce a la felicidad y al gozo. En nuestras manos has dejado, Señor, la elección. Señor, que acertemos en la elección. 3. “El que tenga oídos, que oiga”. Es la advertencia que nos hace el Señor a quienes hoy nos llega su palabra. Oír es acoger, meditar y guardar su mensaje. No dejarnos engañar, por más que el camino del enemigo parezca más seductor. Y no confiarnos temerariamente, pensando que ya llegará el momento de arreglar la vida. Ahora, Señor, tú tienes paciencia con nuestro pecado y nuestra tibieza, y esperas. Pero ¿hasta cuándo? Un día llegará la siega, nos dices con esta parábola. Y no sabemos cuándo. ¿Entre quiénes me encontrará ese momento: entre los justos o entre los malvados? Señor, tu paciencia de hoy es espera para que me convierta. Que no abuse más de tu misericordia, que me convierta a ti ya.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
31/07/2012
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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