Martes de la 16ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
“En aquel tiempo, estaba Jesús hablando a la gente, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera, tratando de hablar con él. Uno se lo avisó: Oye, tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo." Pero él contestó al que le avisaba: ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?" Y, señalando con la mano a los discípulos, dijo: Éstos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre." (Mateo 12, 46-50 ) 1. La Madre de Jesús y sus parientes llegan y quieren hablar con Jesús. Le avisan: «Oye, tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo.» La respuesta de Jesús resulta extraña: « ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» Suena a respuesta despectiva respecto a su madre y, en general, a la familia. Pero lo que Jesús quiere enseñarnos es que, en la nueva familia que se está formando en torno a él, lo verdaderamente importante –incluso si se trata de su Madre- no son los lazos de la sangre, sino los del Espíritu, la adhesión incondicional a su persona. Por eso, señalando a los discípulos con la mano proclama: “Éstos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.” De modo que la verdadera gloria de María radica más en que ha sido la que mejor ha escuchado la Palabra de Dios y la ha vivido que en ser la Madre biológica de Jesús. Señor, que yo aprenda de tu Madre a escuchar y vivir tu Palabra. Sólo así llegaré a ser verdadero miembro de tu familia, de tu comunidad. 2. Por el Bautismo hemos sido incorporados oficialmente a la familia de Cristo, a la Iglesia. Pero no hemos de equivocarnos. No basta para ello con que nuestros nombres aparezcan en un acta de Bautismo. Como no basta decir: “Señor, Señor” para entrar en el reino de los cielos. Lo que de verdad nos mete en el seno de la familia de Jesús y nos abre la puerta del reino de los cielos es la vivencia del mensaje de amor del evangelio. Esto es, lo crea la verdadera comunión de vida con Cristo y con los que creen en él… Señor, que acoja y viva tu reino de amor y justicia con la generosidad de la Madre Teresa de Calcuta y tantos otros creyentes anónimos –laicos y clérigos o religiosos- que han dado y están dando su vida por ti y por los más pobres y abandonados. Y tú, María, Madre de Jesús y Madre nuestra, ruega para que, como tú, yo escuche y haga vida la Palabra de Dios. Que nunca me quede en sólo oírla y saberla... 3. Los que hemos creído en Jesús y formamos la familia de los hijos de Dios, en este mundo de egoísmos y divisiones, estamos llamados a ser invitación fuerte y viva a vivir como hermanos, a formar una familia que tiene a Dios como Padre y a Cristo como el hermano mayor, que a todos nos hermana. ¿Nos sentimos en verdad familia de Dios? ¿Nos amamos como hermanos? ¿Tenemos los unos con los otros los sentimientos de amor y entrega de Cristo, el mejor de los hermanos? Gracias, Padre, porque tu Hijo Jesús nos admite en su familia, siempre que digamos con la misma sinceridad que él: “Padre, que se haga tu voluntad así en la tierra como en el cielo”. Señor y Padre nuestro, que los cristianos seamos testigos luminosos de fraternidad, de amor y solidaridad para esta sociedad tan descreída, desorientada e insolidaria,
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
24/07/2012
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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