Miércoles de la 15ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Miércoles de la 15ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, Jesús exclamó: "Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar" (Mateo 11, 25-27).

1.       Después de las palabras duras contra las ciudades rebeldes de Corozaín, Betsaida y Cafarnaúm, Jesús levanta al Padre, al Abba, su corazón lleno de ternura y gratitud y le da gracias: "Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra…” Dar gracias era una de las formas de orar que usaba Jesús, que nos han conservado los evangelios. ¿Y yo?, ¿sé dar gracias a Dios? Con la de  motivos que tengo cada día para dar gracias a Dios, y qué pocas veces lo hago. Pedir sí: “Señor, dame esto”; “Señor, concédeme, aquello”. Pero decir, como tú, Jesús: “Te doy gracias, Padre”… “Te alabo, Padre…”  Señor Jesús, enséñame a ser agradecido con el Padre, a alabarle como tú hacías. Como hacía María, tu Madre, cuando proclamaba: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mis espíritu en Dios mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava…”

2.      Jesús da gracias y bendice al Padre por lo que está sucediendo: la gente sencilla,  hombres y mujeres del pueblo llano, los menos importantes, escuchan y acogen la Buena Nueva que anuncia de parte de Dios: “Te doy gracias, Padre,…porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a la gente sencilla.” Ellos, los no instruidos, los de corazón sencillo y humilde,  los de corazón de niño confiado, comprenden el sentido de las obras que hace Jesús: ven en ellas la actuación del Mesías, y creen en Jesús y le siguen y entran en comunión con él… Pero los sabios, los doctores, los escribas y fariseos, especialistas en la cosa religiosa, piensan que conocen a Dios y lo que Dios quiere: ellos no tienen nada que aprender y ni que enmendar.  Y encerrados en la soberbia de su “sabiduría” se niegan a acoger la novedad del Reino de amor que Jesús revela. Y se quedan fuera. Nosotros ¿entre quiénes nos encontramos? Señor, vacía mi corazón de toda “sabiduría” hinchada, y soberbia,  y dame un corazón sencillo, abierto a tu amor. Que acoja tu evangelio con gozo y alegría,  sin ponerle “peros”, con el corazón sencillo de los santos, como Santa Teresita del Niño Jesús y  Francisco de Asís.

3.       “…nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.”  Padre bueno,  abre mi corazón para que escuche y acoja a tu Hijo Jesús. Que lo reconozca como el hermano mayor que nos has dado, para que nos enseñe a amarte a ti y amar a los demás como hijos tuyos. Para que mirándole a él, aprendamos a ser hijos tuyos, a vivir colgados de tu voluntad y a confiar en tu amor, aun en los momentos de más oscuridad… Y tú, Señor Jesús, el Hijo amado del Padre, revélanos al Padre. Abre los ojos de nuestro corazón para que descubramos a Dios como el Padre bueno, lleno de amor y ternura, que cuida siempre de nosotros, sus hijos. Enséñanos a descansar siempre confiadamente en sus brazos de Padre bueno.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

18/07/2012


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