Martes de la 14ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, presentaron a Jesús un endemoniado mudo. Echó al demonio, y el mudo habló. La gente decía admirada: "Nunca se ha visto en Israel cosa igual." En cambio, los fariseos decían: "Éste echa los demonios con el poder del jefe de los demonios." Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, anunciando el Evangelio del reino y curando todas las enfermedades y todas las dolencias. Al ver a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: "La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies." (Mateo 9:35-38). 1. Hoy vemos que Jesús cura a un sordomudo. Ante esta acción liberadora hay dos reacciones muy distintas: la gente sencilla se admira y alaba a Dios, porque están viendo en Jesús acciones nunca vistas: "Jamás se ha visto en Israel cosa igual." Sin embargo, la bondad de Jesús para con los pobres molestaba a los fariseos –los observantes de la ley-, de modo que, en su orgullo y obcecación, no creen que Jesús obre con el poder de Dios, sino que le acusan de hacerlo mediante poderes diabólicos: "Este echa a los demonios con el poder del príncipe de los demonios.” Y es que, cuando no hay buena voluntad ni buena disposición para con el otro, hasta las mejores acciones pueden ser malinterpretarlos. Así ocurre con el milagro de la curación del sordomudo: los fariseos no ven una intervención de Dios que les llama a creer en Jesús, sino que les lleva a cerrarse más a la fe y a la conversión. ¿Hay buenas acciones y actitudes en otras personas que nos molestan a nosotros? ¿Las miramos con admiración agradecida como la gente sencilla del evangelio, o nos sentimos incómodos y las interpretamos maliciosamente? Señor, danos el corazón sencillo de aquella gente del pueblo. Que miremos con ojos limpios las buenas acciones de los demás y que nos alegremos y bendigamos a Dios por ellas. 2. “Al ver a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor”. Jesús mira con ojos de misericordia y amor a la gente que acude a él, y las ve desfallecidas y desorientadas, sin guía. Siente compasión de ellos y diríamos que se siente impulsado a ponerse al frente del pueblo y les anuncia el amor de Dios y los libra de sus sufrimientos… Los cristianos ¿tenemos esa misma compasión de Jesús ante el desconcierto y abandono de la gente de hoy? Si nosotros mirásemos a la gente con los ojos de amor con que Jesús los miraba, descubriríamos que también hoy muchos andan cargados de angustias que les ahogan y desorientados, buscando quien les aligere la carga y dé sentido a sus vidas. Y viendo así a la gente, ¿cómo no anunciarles la buena noticia del amor de Dios y del evangelio del Señor? ¿Cómo no darles a conocer lo que llena nuestro corazón de gozo y esperanza y da sentido a nuestra vida? Señor, danos entrañas de misericordia. Que no podamos descansar tranquilos, viendo a la gente sufrir. Señor, ponnos en movimiento. 3. En el evangelio vemos que la tarea de Jesús fue recorrer las aldeas y ciudades sin parar, anunciando el Reino y haciéndolo presente, mediante la liberación de los males que esclavizaban a la gente. Dios, Padre nuestro, hoy te bendigo porque nos diste a Jesucristo, tu Hijo, que recorrió infatigable los caminos de Palestina anunciando tu amor y sanando a los enfermos. Ahora nos toca a nosotros continuar su obra, anunciando el evangelio a los de nuestro tiempo, con la palabra y con nuestras obras de amor y de servicio. Hoy, Señor, siento que tú necesitas nuestros brazos y nuestras manos, porque la mies sigue siendo mucha y los operarios son pocos: " rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies." Sí, Señor, envía muchos y buenos operarios a tu mies. Y danos a nosotros, tus seguidores, tu espíritu de entrega. Que trabajemos, Señor, sin descanso, por el Reino y por los hermanos, como si todo dependiera de nosotros. Y que oremos como si todo dependiera de ti.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
10/07/2012
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
|