Lunes de la 5ª semana de Pascua
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él. Le dijo Judas, no el Iscariote: - Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo? Respondió Jesús y le dijo: - El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho . ( Juan 14,21-26) "…el que me ama guardará mi Palabra y mi Padre lo amará, y vendremos él y haremos morada en él..." “Guardar la Palabra” no es cumplirla fríamente como se cumple una ley cualquiera; es acogerla amorosamente como don salvador de Dios, es vivir los mismos valores que Jesús, comportarse como él. Acogerla como la cogió María. Es esa acogida -que a la vez es entrega- la que nos convierte en “morada de Dios”, como ocurrió en María: “vendremos a él y haremos morada en él.” Entonces nuestro Dios ya no es un Dios lejano, sino un Dios íntimo, que nos habita, que está en nosotros y con nosotros en todas las circunstancias y en todos los lugares. ¡Qué maravilla ser templo vivo de Dios, estar habitado por la familia trinitaria: el Padre, el Hijo, el Espíritu Santo! Para encontrarme con Dios no necesito buscar fuera, sino descubrir y aceptar su presencia amorosa en mí. Orar es escucharle presente en mí, y responderle. Pero ¿cómo voy a encontrarme con Dios y escucharle, si soy tan “forastero” de mí mismo, si vivo tan “enajenado” en las cosas del mundo? Señor, que viva más “en mí mismo”, que busque “adentro”, donde tú habitas.
Jesús, antes de irse, nos promete el Espíritu, el Defensor, el que nos lo enseñará todo y nos irá recordando todo lo que él nos ha dicho, y nos lo hará comprender: “Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.” Ha sido Jesús el que nos reveló todo el misterio del amor de Dios. Pero ese misterio es tan hondo y ancho que no terminamos de comprenderlo. El Espíritu es el que nos recuerda todo lo que Jesús ha dicho y hecho y nos ilumina para que lo vayamos comprendiendo y sepamos aplicarlo a cada circunstancia concreta de nuestra vida. Gracias, Señor Jesús, porque no nos has dejado solos, porque el Espíritu está con nosotros. Ahora, mientras estoy orando, envíame el Espíritu Santo que me recuerde tu amor y me lo haga comprender.
Ven Espíritu Santo, si tú no guías nuestra vida, ¿a dónde iremos? Ven, que sin tu aliento vivificador, nuestra fe se queda en mera doctrina sin vida, y nuestra vida cristiana en vacías prácticas rutinarias. Ven y haz que vivamos cada vez más en comunión de vida con el Padre y con el Hijo. “Ven, Espíritu Santo, y enséñanos a creer en ti como ternura y proximidad personal de Dios a los hombres, como fuerza y poder de gracia que puede conquistar nuestro interior y dar vida a nuestra vida.” (J. A. Pagola.)
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
21/04/2008
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
|