Viernes 2ª semana de Adviento
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
“Así dice el Señor, tu redentor, el Santo de Israel: “Yo el Señor, tu Dios, te enseño para tu bien, te guío por el camino que sigues. Si hubieras atendido a mis mandatos, sería tu paz como un río, tu justicia como las olas del mar…” ( Isaías 48, 17-18). “En aquel tiempo dijo Jesús a la gente: « ¿Pero, con quién compararé a esta generación? Se parece a los chiquillos que, sentados en las plazas, se gritan unos a otros diciendo: ‘Os hemos tocado la flauta, y no habéis bailado, os hemos entonado endechas, y no os habéis lamentado’. Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: ‘Demonio tiene’. Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: ‘Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores’. Y la Sabiduría se ha acreditado por sus obras».( Mt 11,16-19). 1. A veces nos sentimos mal, descontentos de nosotros mismos y de los demás, insatisfechos de nuestra vida... ¿Por qué? También Israel en el destierro se encontraba así. Por medio de Isaías le dice el Señor: “ Yo el Señor, tu Dios, te enseño para tu bien, te guío por el camino que sigues. Si hubieras atendido a mis mandatos, sería tu paz como un río, tu justicia como las olas del mar …” Este es el problema: que no escuchamos a Dios. Que seguimos nuestro propio camino frente al de Dios. Y nuestro camino no desemboca en la paz, en la serenidad profunda, en la alegría y el gozo interior. A esto sólo conducen los caminos de él... En este Adviento, Señor, me llamas y me pides que te escuche, por fin, y te obedezca. Que prepare tu venida. Que despierte del sueño y te acoja y siga tus caminos. Señor, que atienda tus llamadas. 2. ¿Con quién compararé a esta generación? Se parece a los chiquillos ...” ¡Qué razón tiene el Señor! Los del tiempo de Jesús, y nosotros de hoy, somos como niños, que no se ponen de acuerdo a qué jugar: si “a bodas” o a “funerales” Así nosotros: siempre poniendo excusas para no escucharle y escaparnos de él. Los de su tiempo desoyeron el mensaje de Juan el Bautista y desoyeron el de Jesús. Los dos llamaban a la conversión del corazón, a cambiar de rumbo en sus vidas. Pero ese mensaje les estorbaba y no lo querían escuchar. Y tratan de justificarse: De Juan, que ni comía ni bebía, decían que estaba poseído de un demonio. Y de Jesús, que comía y bebía y se comportaba como uno más, decían que era un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores. ¿Y yo, Señor, qué excusas pongo para no escuchar tus llamadas a convertirme, a orar más, a servir y ayudar más a los demás…? Muchas, menos las verdaderas, que son: mi egoísmo, mi comodidad, mi tibieza espiritual, mi miedo a complicarme la vida, mi cobardía para “salirme de la fila” y obrar contra corriente y no hacer lo que hacen los demás… Estas son mis verdaderas razones, Señor, para no escucharte. Pero me da miedo reconocerlas. 3. Los de tu tiempo se negaban a aceptar el mensaje de Jesús y a creer que era el Enviado del Padre, porque era “demasiado como los demás”: andaba con los publicanos y pecadores. Yo, por el contrario, Señor, te doy gracias y me alegro precisamente porque te has hecho uno de nosotros, tan cercano, tan como los demás, que no rehúyes la compañía de los más débiles y pecadores. ¡Qué maravilloso, Señor, saberte acompañándonos siempre, mezclándote con nosotros en nuestros trabajos de cada día, en nuestras penas y gozos, y en la rutina de nuestras vidas! Que en todo experimentemos tu compañía, Señor. Y que te veamos, te acojamos y te amemos en el signo humilde de la Eucaristía y en cada hermano que se nos acerca.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
14/12/2007
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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