Miércoles 2ª semana de Adviento

Paso la palabra. Para meditar cada día
Miércoles 2ª semana de Adviento
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

Por qué andas hablando, Jacob, y diciendo, Israel: «Mi suerte está oculta al Señor, mi Dios ignora mi causa»? ¿Acaso no lo sabes, es que no lo has oído? El Señor es un Dios eterno y creó los confines del orbe. No se cansa, no se fatiga, es insondable su inteligencia. Él da fuerza al cansado, acrecienta el vigor del inválido; se cansan los muchachos, se fatigan, los jóvenes tropiezan y vacilan; pero los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, echan alas corno las águilas, corren sin cansarse, marchan sin fatigarse. (Isaías 40,25-31)

En aquel tiempo, exclamó Jesús: "Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera." (Mateo 11,28-30).

  1. Caminamos buscando al Señor, esperando su venida. A veces se nos hace larga la espera y duro el camino de la entrega. Al Israel del destierro que empezaba a desconfiar de Yahvé, Isaías le recuerda: “¿Por qué andas hablando, Jacob, y diciendo, Israel: mi suerte está oculta al Señor, mi Dios ignora mi causa?” Dios no se preocupa de nosotros, pensaban. Y el profeta les dice que no olviden que la misericordia del Señor “no se cansa, no se fatiga,” que “los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, les nacen alas como de águilas, corren sin cansarse, marchan sin fatigarse.” Así, recordémoslo nosotros en los momentos de desaliento. Porque ¿de dónde vienen nuestras desesperanzas y cansancios? ¿No será que olvidamos cómo es nuestro Dios y el amor que nos ha mostrado en tantas ocasiones, y que, cuando caminamos de su mano, no desfallecemos, sino que corremos sin cansarnos, marchamos sin fatigarnos?
     
  2. Jesús mira a los que le siguen: no son los ricos ni los sabios; es la gente sencilla del pueblo, los pobres, los ignorantes, los enfermos. A ellos está dedicando su vida y a todos ellos llama: "Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.” Y hoy es a nosotros a los llama, a nosotros que, a veces, nos sentimos cansados, dudando de su amor u olvidándolo. Nos invita porque ha venido -y viene- para aliviar nuestros cansancios, para aligerar la carga de nuestros desalientos, de nuestros pecados. El que va a él encuentra el descanso que necesita y el ánimo y la fuerza para no desfallecer. Señor, que hoy y siempre escuche esta invitación tuya tan cargada de cariño y comprensión. Que vaya a ti, Señor, para descansar y sentirme querido por ti, a pesar de mis fallos y pecados. Cuando lo he hecho, ¡qué renovado he vuelto!
  1. Otra invitación nos hace el Señor: “Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera". Cargar con su yugo es unirnos a él, seguirle y aprender de él que es manso y humilde de corazón. Es aceptar la nueva ley que es ley de amor y servicio. Y aceptarla con amor y por amor. Que, como advirtió San Juan de la Cruz, los que andan en amor, ni cansan ni se cansan. ¿No has comprobado cómo el amor aligera hasta los trabajos más pesados? Y tu amor, Señor, ¡qué suaves y llevaderas hace todas las cargas! ¡Qué suave se torna la senda estrecha y empinada del servicio y la entrega que lleva al cielo, y con qué alegría se camina por ella cuando tú vienes con nosotros!

Señor, que nos mandas abrir camino a Cristo, el Señor; no permitas que desfallezcamos en nuestra debilidad los que esperamos la llegada saludable del que viene a salvarnos de todos nuestros males. (Colecta de la misa). Y tú, María, Madre de la Esperanza, ruega por nosotros para que, imitándote, seamos firmes en la espera.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

12/12/2007


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