Sábado de la 5ª semana de Cuaresma

Paso la palabra. Para meditar cada día
Sábado de la 5ª semana de Cuaresma
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

Así dice el Señor: “Yo voy a recoger a los israelitas por las naciones adonde marcharon, voy a congregarlos de todas partes y los voy a repatriar. Los haré un solo pueblo.... No volverán a contaminarse con sus ídolos y fetiches y con todos sus crímenes. Los libraré de sus pecados y prevaricaciones, los purificaré: ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios”. ( Ezequiel 37, 21.22a-23).


En aquel tiempo, muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús. Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron: - ¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación. Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: - Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera. Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no sólo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos. Y aquel día decidieron darle muerte. ( Juan 11,45-57 ).

  1. Jesús acaba de resucitar a Lázaro. La noticia se ha extendido por la comarca. Algunos, al ver lo que ha hecho, creen en él. Son los de corazón limpio, los sinceros, que no tienen que defender intereses creados. Pero los jefes de los judíos, envidiosos de la fama de Jesús, en vez de convertirse y creer ante el milagro, se reúnen y se preguntan qué hacer con Jesús: “Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación.” No se preguntan siquiera si Jesús es el Mesías. Eso no les importa. Sólo les preocupa que es un peligro para sus instituciones y su raza… ¡Cómo se cumple aquello que Dios dijo al rico Epulón, cuando éste le pedía que mandara a Lázaro para decir a sus hermanos que cambiaran de conducta: “si no creen a Moisés, aunque resucite un muerto no creerán”. Y es que, cuando el corazón se ha endurecido, ni la resurrección de de un muerto mueve a creer. Señor, no permitas que nunca lleguemos nosotros a este punto de endurecimiento. Ten misericordia de nosotros. Que nos baste tu palabra y tu amor para creer, para convertirnos a ti.
  1. Caifás, el sumo sacerdote, dice a los reunidos: “No comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera.” A Caifás le hizo hablar así su deseo de eliminar a Jesús porque es una amenaza para su ambición de poder y su hegemonía sobre el pueblo. Pero la muerte de Cristo no sólo será para el pueblo judío, sino de toda la humanidad: “Cuando sea levantado en alto, atraeré a todos a mí”, dijo Jesús. Por su muerte reunirá a todos los pueblos y razas en un solo pueblo, el nuevo pueblo de Dios, la nueva familia de los hijos de Dios, compuesta por los que se adhieran a Cristo. ¡Qué bien sabe escribir Dios recto en renglones torcidos! Nunca comprenderemos sus planes y su lógica. A veces pensamos que Dios nos ha abandonado, y olvidamos que Dios es capaz de sacar bien hasta de los planes perversos de los hombres. Señor Jesús, tú siempre confiaste en el amor del Padre. Y el Padre no te falló. Enséñanos a confiar en él, aunque las cosas se pongan feas, difíciles. Que creamos –y experimentemos- en esos momentos la cercanía del Padre y su amor desbordante. ¡Con qué gozo lo afrontaremos todo, entonces!
  1. “Y aquel día decidieron darle muerte”. El acoso a Jesús va a ser cada vez mayor. La angustia crecerá en su corazón y en el de los suyos. Durante la Semana de Pasión, vamos contemplar en el evangelio, con dolor, el odio contra Jesús y cómo llevan a efecto su decisión de matarle. Pero hoy, por medio Ezequiel, la liturgia nos llama a la esperanza; “Yo voy a recoger a los israelitas por las naciones adonde marcharon, voy a congregarlos de todas partes y los voy a repatriar. Los haré un solo pueblo… Los libraré de sus pecados y prevaricaciones, los purificaré: ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios .” (1ª lectura). Es lo que va a realizar Dios: por la muerte y resurrección de su Hijo, va a destruir el pecado del mundo, va a hacerlo todo nuevo, nos va a purificar de todo lo malo, y va a crear el pueblo nuevo, la Iglesia... Señor Jesús, que en estos días, al contemplar cómo mueres por nosotros, se rompan nuestros corazones y dejemos que tu amor nos invada. Señor, ten misericordia de nosotros. ¡Conviértenos a tu amor!

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

15/03/2008


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