Martes de la 5ª semana de Cuaresma
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquellos días…el pueblo estaba extenuado del camino, y habló contra Dios y contra Moisés: "¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náusea ese pan sin cuerpo." El Señor envió contra el pueblo serpientes venenosas, que los mordían, y murieron muchos israelitas... "Moisés rezó al Señor por el pueblo, y el Señor le respondió: "Haz una serpiente venenosa y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla." (Números, 21, 4-9) “En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: Yo me voy y me buscaréis, y moriréis por vuestro pecado. Donde yo voy no podéis venir vosotros. Y los judíos comentaban: ¿Será que va a suicidarse, y por eso dice: Donde yo voy no podéis venir vosotros? Y él continuaba: Vosotros sois de aquí abajo, yo soy de allá arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Con razón os he dicho que moriréis por vuestros pecados: pues, si no creéis que yo soy, moriréis por vuestros pecados. Ellos le decían: ¿Quién eres tú? Jesús les contestó: Después de todo ¿para qué seguir hablándoos? Podría seguir y condenar muchas cosas en vosotros; pero el que me envió es veraz y yo comunico al mundo lo que he aprendido de él. Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre. Y entonces dijo Jesús: Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que yo soy, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada .Cuando les exponía esto, muchos creyeron en él.” (Juan 8, 21-30) El pueblo de Israel –en el desierto- se queja de Dios y de Moisés. Dios –como castigo- les envía unas serpientes venenosas. El pueblo reconoce su pecado, y Dios le perdona. Como signo de perdón, Moisés levanta en medio del campamento una serpiente de bronce; los mordidos por las serpientes que la miraban se curaban. En el evangelio de Juan la serpiente levantada es presentada como un símbolo de la cruz: “Lo mismo que Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna”(Jn 3, 14s.) Llega la Semana Santa. La liturgia nos va a invitar cada vez con más fuerza a mirar la cruz. Mirémosla, contemplémosla con asombro, con fe, con amor. El lo dijo:”No hay mayor prueba de amor que dar la vida por los amigos.” Digámonos, pues, a nosotros mismos: ahí está clavado el Amor, el que dio la vida para que yo tenga vida eterna. Y dejémonos empapar de ese amor. ¡Cómo sana una mirada amorosa a la cruz!
En el evangelio de hoy continúa la controversia de Jesús con los incrédulos y orgullosos fariseos. Jesús poco a poco va desvelando su origen y condición divina. Le preguntan: ¿Quién eres tú? Jesús contestó: “El que me envió es veraz y yo comunico al mundo lo que he aprendido de él”. Pero ellos no comprendieron que les hablaba del Padre. Y siguen sin comprender y sin aceptar que es el Enviado de Dios. Y por más que los invita a creer, a acoger su mensaje, se resisten y lo rechazan, porque ¡no es el mensaje que esperan y les gustaría escuchar del Mesías! ¡Qué doloroso debió resultarle a Cristo la obstinación de aquellos hombres! Concluyendo casi la cuaresma, este tiempo de gracia en el que se nos llama más insistentemente a convertirnos, nosotros, ¿podemos decir que estamos escuchando la llamada del Señor, o estamos oponiendo tanta resistencia como los fariseos? Señor, que creamos en ti, que acojamos tu llamada.
“Vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo”. Jesús no es de este mundo de pecado, de ambiciones e injusticias. Él es de arriba, pertenece a la esfera de Dios, a la esfera del Espíritu. Viene del Padre y vuelve al Padre, cuya voluntad ha cumplido siempre . Va a ser glorificado: “Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que yo soy...” Cuando lo crucifiquen se darán cuenta de que es el Mesías de Dios, su muerte será la prueba de su gran amor, amor hasta dar la vida por el hombre. Señala el evangelista que “c uando les exponía esto, muchos creyeron en él.” Fueron los sinceros de corazón, los que buscaban la verdad. Pero hubo otros que permanecieron ciegos, fueron los que pertenecían a este mundo de pecado, de mentira, de tiniebla y muerte. Por eso lo rechazaron. Nosotros ¿entre quiénes estamos? A los que le rechazaban Jesús les dijo: “si no creéis que yo soy, moriréis por vuestros pecados”. Señor, tiemblo ante la posibilidad de que puedas decir eso de mí. ¡Ten misericordia, Señor! Yo quiero creer. Quiero buscarte sinceramente, convertirme a ti, acogerte, antes de que sea demasiado tarde. María, Madre buena, llévame a Jesús
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
11/03/2008
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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