La imagen de la Dolorosa aguardaba en el interior de la parroquia de Santiago en la plaza de la Constitución, y a la que Jesús llegó, portada a hombros por mujeres, desde la sede de su hermandad, y acompañada por la banda de cornetas y tambores de la misma.
A las doce de la noche, las puertas de la Parroquia de Santiago se abrieron y apareció la hermosa imagen de Nuestra Señora la Virgen de los Dolores, precedida por la orquesta de la Dolorosa. La imagen de la Madre salió al encuentro de la de su Hijo, mientras que, en la plaza y desde el balcón del Ayuntamiento, un hombre le dedicó bellas saetas.
También sonó la bocina, tocada por Juan Martínez «El Enterrador».
Fueron momentos emocionantes para mostrar el cariño por la Virgen de los Dolores, que al terminar, retornó al interior del templo parroquial, mientras que el trono de Jesús regresó también a la sede de su hermandad.