Sábado de la 4ª semana de Cuaresma
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, algunos de entre la gente, que habían oído los discursos de Jesús, decían: - Éste es de verdad el profeta. Otros decían: -Éste es el Mesías. Pero otros decían: - ¿Es que de Galilea va a venir el Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David, y de Belén, el pueblo de David? Y así surgió entre la gente una discordia por su causa. Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima. Los guardias del templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y éstos les dijeron: - ¿Por qué no lo habéis traído? Los guardias respondieron: - Jamás ha hablado nadie como ese hombre. Los fariseos les replicaron: - ¿También vosotros os habéis dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? Esa gente que no entiende de la Ley son unos malditos. Nicodemo, el que había ido en otro tiempo a visitarlo y que era fariseo, les dijo: - ¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho? Ellos le replicaron: ¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas. Y se volvieron cada uno a su casa . ( Juan 7,40-53). Los sacerdotes y los fariseos rechazan a Jesús. Sin embargo, hay gente del pueblo llano que sí piensan que puede ser un profeta o el Mesías. ¡Cómo ciegan el corazón el orgullo, los prejuicios y los intereses personales! Los sabios y entendidos no necesitan a Jesús ni necesitan su mensaje liberador. Más, intentan desprestigiarle y hasta matarle. Pero los de corazón sencillo, abierto y sin prejuicios, descubren a Dios en las obras que hace, y escuchan a Dios en su mensaje. Hasta los guardias del templo que han sido enviados a prenderlo, han quedado tan impresionados de su modo de hablar que no se atreven a detenerlo y confiesan con admiración “Jamás ha hablado nadie como ese hombre”. Señor, danos un corazón humilde, sencillo, siempre abierto a tu mensaje de salvación, aunque nos parezca duro.
Nicodemo, el que en otra ocasión fue a ver a Jesús por la noche, para que no lo vieran, pues temía a los judíos, ahora sí se pone de su parte, y denuncia la injusticia que están tramando: “¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?” El bueno de Nicodemo no se da cuenta de que a ellos no les importa la justicia, sino vengarse de Jesús. Ellos, cuando la ley estorba a sus intereses, prescinden de ella. De hecho en nombre de la ley crucificarán a Jesús... Buen ejemplo el de Nicodemo para nosotros. En esta sociedad descristianizada y descreída no es fácil, a veces, ponerse de parte de Cristo. Nos da miedo que nos señalen con el dedo y nos tomen por crédulos ridículos. Como a Nicodemo: sus compañeros, en vez de responderle, lo tratan de ignorante y lo ridiculizan: “¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas.” ¿No es lo que intentan hacer hoy con los cristianos? Como argumento supremo dicen: “¿Aún sigues creyendo en eso?; ¿no te has enterado de por dónde va la ciencia hoy, de que estamos en el siglo XXI?” Y desgraciadamente ante críticas así, hay muchos que se acobardan. Señor, danos un corazón generoso, grande, valiente, que no se avergüence de ti ante nadie. Que demos valientemente testimonio de ti, aunque no nos comprendan.
A través de la historia, ante Cristo todos han tomado y toman partido. Unos lo rechazan; otros lo aceptan y siguen, y algunos le aman locamente. Señor, nosotros hemos creído en ti. Y queremos amarte con todo nuestro corazón. En los días que quedan para la Pascua vamos a contemplarte amándonos hasta dar la vida. Que nos dejemos empapar de tu amor. Que nos duela tanto desamor hacia ti como hay en el mundo. Como dolía a San Francisco de Asís, que lloraba y gritaba su pena por ese desamor: “¡El amor no es amado, el amor no es amado!,” decía. Que todos los hombres, Señor, te descubramos como nuestro Dios y Señor, como el que tanto nos ha amado y nos ama.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
08/03/2008
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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