Vienes de la 3ª semana de Cuaresma
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
«Israel, conviértete al Señor Dios tuyo, porque tropezaste por tu pecado... volved al Señor y decidle: "Perdona del todo la iniquidad, recibe benévolo el sacrificio de nuestros labios. No nos salvará Asiria, no montaremos a caballo, no volveremos a llamar Dios a la obra de nuestras manos”... Yo curaré sus extravíos, los amaré sin que lo merezcan, mi cólera se apartará de ellos. Seré para Israel como rocío, florecerá como azucena, arraigará como un álamo.” Brotarán sus vástagos, será su esplendor como un olivo, su aroma como el Líbano. Vuelven a descansar a su sombra...” ( Oseas 14,2-8) “En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: ¿Qué mandamiento es el primero de todos? Respondió Jesús: El primero es: Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser. El segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay mandamiento mayor que éstos. El escriba replicó: Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios. Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: No estás lejos del reino de Dios. Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas .” ( Marcos 12, 28b-34). 1. En este camino hacia la Pascua hoy el Señor nos habla de su amor. Por medio de Oseas nos invita a volvernos a él, porque nos ama por encima de nuestras infidelidades. Israel había dejado de confiar en Iahvé para confiar en alianzas militares y en otros dioses; pero reconoció su error y volvió a confiar en Dios: “No nos salvará Asiria, no montaremos a caballo, no volveremos a llamar Dios a la obra de nuestras manos.” Y Dios, en su amor infinito, lo acoge: “Yo curaré sus extravíos, los amaré sin que lo merezcan, mi cólera se apartará de ellos. Seré para Israel como rocío, florecerá como azucena, arraigará como un álamo.” Al mirar nuestra vida a la luz de la Palabra de Dios en esta Cuaresma, ¿no nos hemos descubierto, traidores al amor de Dios, como Israel? ¿A qué dioses nos hemos entregado: el dinero, el éxito, la comodidad, el placer, el propio “ego”...? Hoy el Señor nos sale al encuentro y nos dice que su amor sigue firme y nos está esperando, dispuesto a perdonarnos: “yo los amaré sin que lo merezcan” ¿No nos emociona y llena de gozo esta declaración de amor del Señor? ¿No volveremos a su amor? 2. En el evangelio se nos recuerda lo que es el meollo de la ética cristiana: El amor. Amor a Dios y amor al prójimo. Un escriba pregunta a Jesús por el mandamiento primero, el más importante. La pregunta era pertinente, porque para los judíos la religión se había convertido en una verdadera maraña de normas: 248 mandamientos y 365 prohibiciones. De ahí que los grandes maestros de Israel intentaran resumirlos en una que proponían como el mandamiento más importante. Jesús responde al escriba recitando el llamado Shemá: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. Es decir, lo primero es amar a Dios, y amarlo con un amor total. ¿Qué lugar ocupa Dios en mi vida, en mi corazón, en mi mente, en todo mi ser? ¿Es mi único Señor, o intento compaginar su amor con el de otros “diosecillos”? ¿Cuáles son?... Señor, no permitas que en mi corazón levante más altar que el tuyo. 3. Pero Jesús enseguida añade otro: “El segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay mandamiento mayor que éstos.” El amor al prójimo era un mandamiento conocido ya. Pero para el judío prójimo era sólo el que pertenecía al Pueblo escogido, o al menos era prosélito de la religión judía. Pero, Jesús rompe esas fronteras. Prójimo son todos los hombres, pertenezcan o no al pueblo elegido. Pero hay más: Jesús une este segundo mandamiento al primero. Tanto que el cumplimiento del primero no es posible sin el cumplimiento del segundo. Para ti, Señor, no hay amor a Dios ni culto verdadero, agradable a Dios, si no va unido al amor al prójimo. Señor, que no me engañe; que mi amor al prójimo pruebe la sinceridad de mi amor a ti. Y amar al prójimo sé que no es sólo no hacerle mal; es hacerle bien: ayudarle, servirle, perdonarle, compartir con él lo mío, preocuparme de él...En esta cuaresma, tiempo de conversión, Señor, planta firmemente en mi corazón estos dos amores.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
29/02/2008
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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