Lunes de la 3ª semana de Cuaresma

Paso la palabra. Para meditar cada día
Lunes de la 3ª semana de Cuaresma
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente reunida en la sinagoga de Nazaret: «En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria. Os digo de verdad: muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país; y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda de Sarepta de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio». Oyendo estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira; y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarle. Pero Jesús, pasando por medio de ellos, se marchó. (Lc 4,24-30)

  1. Los paisanos de Jesús rechazan su mensaje, porque le conocían muy bien y conocían a su familia. Seguramente, durante el tiempo que vivió entre ellos, le miraron con simpatía y tenían de él muy buena opinión como persona y como carpintero. Pero ahora que ha comenzado a predicar un mensaje nuevo y a llamarles a la conversión, lo escuchan con recelo ¿Cómo Dios va a hablarles y llamarles a la conversión por medio de uno de ellos? Y le exigen una señal que acredite que es el Mesías prometido... Nosotros, a veces, ¿no reaccionamos como aquella gente? ¡Cuánto nos cuesta aceptar la llamada de Dios que nos llega a través del consejo, la corrección, la predicación, la vida, etc., de uno como nosotros: un amigo, un sacerdote que no nos cae bien, un compañero o miembro del grupo o de la comunidad...! Señor, hazme sensible a tus llamadas. Que vea y acoja con corazón sencillo y humilde lo que me dices a través de los demás. Señor, que no desaproveche ninguna oportunidad para convertirme a ti.
  1. A los de Nazaret Jesús les echa en cara que no acojan su mensaje, como lo acogen en otros lugares, sino que le exijan alguna señal especial: «En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria ». Y les recordó que algo parecido pasó a Elías y Eliseo: de las muchas viudas y de los muchos leprosos que había en Israel, sólo dos personas no-judías, paganas, -la viuda de Sarepta y el leproso Naamán, el sirio- se convirtieron a Dios y fueron favorecidos por los milagros de Elías y Eliseo. Con esta alusión Jesús denunciaba su orgullo e incredulidad: ellos se creían con más derecho a los milagros del Mesías y a la salvación de Dios. Pero Jesús ha venido a salvar a todos los creen él, sean de la raza que sean, y no sólo a los judíos. Esto les irritó tanto que quisieron despeñarlo. ¿No reaccionamos nosotros así muchas veces, cuando las exigencias del evangelio no coinciden con la idea que nos hemos formado la religión, o toca ciertas “llagas” que nos cuesta reconocer, como el orgullo, el fariseísmo, el egoísmo acaparador, la insolidaridad...? Nos da miedo la llamada del Señor a la conversión, y buscamos excusas para acallar su voz. Señor, que escuche siempre tu Palabra como palabra de salvación.
  1. El Evangelio termina diciendo: “Pero Jesús, pasando por medio de ellos, se marchó.” Es el peligro de negarnos una y otra vez a acoger las llamadas del Señor: que él se aleje, y que nuestro corazón se vaya endureciendo cada vez más e, insensiblemente, vayamos pasando a formar parte del grupo de los “alejados”. Señor, estamos casi a la mitad de la cuaresma, este tiempo de gracia que nos has concedido otro año. Estoy escuchado tus constantes llamadas a la conversión: que rompe con esto o aquello; que sea más generoso y más acogedor con éste o aquél, etc... Pero bien ves cuánto temo escuchar tus exigencias y abrirte la puerta de mi vida. Sin embargo, no te alejes de mí, Señor, sigue llamando. Insiste en tus llamadas hasta que te abra, que si te alejas ¿qué será de mí?

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

25/02/2008


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