Miércoles de la 2ª semana de Cuaresma

Paso la palabra. Para meditar cada día
Miércoles de la 2ª semana de Cuaresma
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, mientras iba subiendo Jesús a Jerusalén, tomando aparte a los Doce, les dijo por el camino: - Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará. Entonces se le acercó la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: - ¿Qué deseas? Ella contestó: - Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda. Pero Jesús replicó: - No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber? Contestaron: - Lo somos. Él les dijo: - Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquéllos para quienes lo tiene reservado mi Padre. Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: - Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos . ( Mateo 20,17-28).

1. “Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará.” Ya en dos ocasiones anteriores Jesús les ha hablado de que en Jerusalén lo van a maltratar y matar. Ahora lo hace por tercera vez. Y esto desata en los discípulos la ambición de poder: ¿quién será el más importante en el Reino que ya se aproxima? La madre de los Zebedeos pide el primer puesto para sus hijos; y los otros diez se enfadan con ellos. ¡Qué tristeza y frustración debió sentir el Señor! El, hablando de su humillación infinita y muerte, y ellos ambicionando honores y primeros puestos. No habían comprendido nada... Pero ¿quién puede tirar la primera piedra contra los Zebedeos? ¿No nos vemos en ellos? A poco que nos descuidemos, ¡cómo, en nuestros corazones, asoma la ambición de figurar, de poder, de estar por encima de los demás! Señor, ¿cuándo te entenderemos, cuándo entenderemos tus caminos?

2. ”No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?” Es lo que nos pasa a nosotros: a veces no sabemos lo que pedimos, ni lo que buscamos ni lo que deseamos. Para estar con Cristo, para disfrutar de su reino hay que “beber el cáliz” que él ha bebido: sólo el que muere con él, vivirá y reinará con él. Es menester seguir su camino de negación, de abajamiento y de entrega, hasta pasar por el amarguísimo trance de la muerte. Ya lo dijo en otro momento : «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto» ¡Y a mí, Señor, me asusta tánto la renuncia, el sufrimiento, la muerte…! Señor, cambia mi corazón, conviérteme. Que en esta cuaresma me arriesgue a aceptar tu camino.

3. “Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo”. Con estas palabras Jesús nos presenta la ley fundamental de su comunidad y de cada uno de los miembros de ella. Para ser primero, ponerse el último; para ser señor, servir; para estar arriba, ponerse abajo; para triunfar, perder. Son las paradojas del evangelio, ése poner las cosas del revés, para que estén del derecho. Que era lo que no entendían ni aceptaban los Zebedeos, ni los otros diez, ¡ni nosotros!... Pero era lo que Jesús hacía: “Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos”. Señor, descabella por fin este orgullo mío, que busca que le sirvan, pero que hace tanto asco a servir. Hazme comprender que los tuyos no estamos llamados a ser dominadores, sino servidores. Que es lo tú, que eras el Señor, te hiciste: el-que-sirvió-hasta-dar-la-vida.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

20/02/2008


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