Domingo 2º de Adviento -A
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea, predicando: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.» Éste es el que anunció el profeta Isaías, diciendo:«Una voz grita en el desierto: "Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos." Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados; y él los bautizaba en el Jordán. Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizará, les dijo: -« ¡Camada de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? Dad el fruto que pide la conversión. Y no os hagáis ilusiones, pensando: "Abrahán es nuestro padre", pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras. Ya toca el hacha la base de los árboles, y el árbol que no da buen fruto será talado y echado al fuego. Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí puede más que yo, y no merezco ni llevarle las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga.» ( Mateo 3, 1-12). La liturgia sigue clamando por la venida del Señor. No porque el Señor no esté con nosotros, sino para que nosotros estemos más con él. Esto exige la conversión. Por eso Adviento es una constante llamada a la conversión, a preparar los caminos del Señor y acoger al que viene. Jesús –diríamos- no viene a nacer en una cueva, viene a nacer en el corazón de todo hombre que le abra la puerta. El Bautista nos grita hoy: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos. Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos." Para los que esperamos al Señor, preparar el camino es el programa: abajar esos montes de engreimiento, egoísmo e injusticia, que vemos en nuestra vida, hasta hacerlos caminos de humildad, solidaridad y amor. Y convertir los montes de la incomprensión, de la ambición y del resentimiento en llanuras de bondad, desprendimiento y perdón. De si escuchamos la llamada del Bautista o no depende que el Adviento sea o no para nosotros tiempo de gracia, advenimiento del Señor, preparación del Nacimiento de Cristo en nuestras vidas, en nuestros hogares, en nuestros ambientes...
“Convertíos...” Dejaos salvar por Dios. Volveos a Dios, abridle las puertas... Hay que aceptar a Dios como el único que puede dar sentido pleno a vuestras vidas, y dejar, por tanto, de seguir a tantos “señores” y “dioses”, a los que estamos dando culto como si pudieran llenar nuestras vidas y hacernos felices: el dinero, el bienestar, el orgullo... Un peligro: pensar que esta llamada no va con nosotros: "Yo soy cristiano de toda la vida..." Así pensaban los fariseos y saduceos: "Abrahán es nuestro padre.” Y, además cumplían estrictamente las normas de la ley. Pero no bastaba; hacía falta convertirse y hacer las obras de Dios. De ahí, la denuncia del Bautista: -«¡Camada de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? Dad el fruto que pide la conversión”. Cuidado, pues, nosotros. De qué sirve decir que somos cristianos, ¿si no vivimos como tales? Y nunca podemos decir: “Ya estoy convertido a Dios”. Siempre estamos en trance de convertirnos, porque siempre quedan recovecos de nuestra vida donde siguen anidando el egoísmo, la injusticia, la insolidaridad, el orgullo... Siempre necesitamos, pues, escuchar este “Convertíos” del Bautista.
"Dad el fruto que pide la conversión...", clamaba Juan. Y los frutos de la conversión que se nos exigen son los frutos del Reino: la reconciliación, la paz, la armonía, el acogimiento solidario... Lo que San Pablo nos desea: "Que Dios, fuente de toda paciencia y consuelo, os conceda estar de acuerdo entre vosotros, como es propio de cristianos.... En una palabra, acogeos mutuamente como Cristo os acogió para gloria de Dios."(2ª lect.) Son los frutos que brotarán en nuestras vidas convertidas, en la medida en que dejemos que Dios entre ellas. Señor, el Bautista decía: "Dios es capaz de sacar de estas piedras hijos de Abraham..." Así, tú, Dios mío, puedes sacar de nosotros cristianos de verdad: hombres y mujeres que vivamos como Cristo; puedes hacer que nuestro corazón de piedra se convierta en un corazón de carne. Isaías anuncia con gozo que el viejo tronco de Jesé se renueva, se hace primavera... Es lo que quieres hacer y harás, Señor, si te dejamos, con este viejo tronco de nuestras vidas... ¿Te dejaremos, Señor? María, Madre del Adviento, ruega por nosotros para que dejemos hacer a Dios en nuestras vidas, como tú le dejaste.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
09/12/2007
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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