Viernes después de Ceniza
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
"¿Es ése el ayuno que el Señor desea...?; mover la cabeza como un junco, acostarse sobre saco y ceniza, ¿a eso lo llamáis ayuno, día agradable al Señor? El ayuno que yo quiero es éste: Abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, romper todos las cadenas; partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo, y no cerrarte a tu propia carne. Entonces clamarás al Señor, y te responderá; gritarás, y te dirá: "Aquí estoy. (Is. 58:5-9) “En aquel tiempo, se acercaron los discípulos de Juan a Jesús, preguntándole: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan? Jesús les dijo: ¿Es que pueden guardar luto los invitados a la boda, mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que se lleven al novio, y entonces ayunarán.” (Mateo 9, 14-15). Hoy son los discípulos de Juan los que se escandalizan de que los discípulos de Jesús no lleven una vida tan austera y ascética como ellos y los fariseos, que ayunaban con frecuencia. El ayuno era un signo de aflicción porque el Mesías, que esperaban, no llegaba. Jesús defiende a sus discípulos, diciendo que ellos no están en la espera del novio, sino en la celebración de la boda. Los discípulos son invitados y no hacen más que mostrar la alegría de estar con el novio, con Jesús, celebrando la inauguración del Reino mesiánico esperado. Y estar de luto y con signos de tristeza en la boda no es lo más apropiado. Señor, ¿vivo yo la alegría de ser tu amigo, de estar contigo, de sentirme salvado e invitado al banquete de las bodas del Reino?
¿Es que Jesús ha venido a traer una religión sin mortificación, sin negación, una religión «facilona»? No. Ayer nos hablaba de que para seguirle hay que “negarse” y “cargar con la cruz”. Y en cuanto al ayuno, Jesús ayunó cuarenta días antes de comenzar su ministerio público, y hoy dice que los suyos “ llegará un día en que se lleven al novio, y entonces ayunarán .” La Iglesia siempre ha defendido la práctica del ayuno y otras mortificaciones como actos loables. Son buena poda de lo que nos estorba para seguir al Señor con más libertad y buen ejercicio de autocontrol, que nos prepara para nuevas renuncias. Bueno es, pues, el ayuno y la mortificación. Pero cuidado con quedarnos en lo puramente exterior. Si la penitencia y el ayuno no son signo de lo que ocurre en el corazón, si no nacen del amor y llevan al amor, ¿para qué nos sirven? Señor, que no olvide que -como dice san León Magno- el ayuno ha de consistir “mucho más en la privación de nuestros vicios que en la de los alimentos.” Precisamente hoy la liturgia nos presenta a Isaías criticando a los que se quedaban en lo externo: alababan a Dios y ayunaban, pero vivían despreocupados del hermano: “¿Es ése el ayuno que el Señor desea…? El ayuno que yo quiero es éste: ... partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo, y no cerrarte a tu propia carne”. Ayuno para la limosna. Es decir, ayunar para compartir con los pobres. El antes citado san León Magno une al ayuno la limosna: “ Junto al razonable y santo ayuno, nada más provechoso que la limosna, denominación que incluye una extensa gama de obras de misericordia.” No hay ayuno agradable a Dios, si no va unido a la caridad, a la justicia, a la solidaridad. Por eso, ayunar del egoísmo, del acaparar, de la injusticia, de la insolidaridad, del desamor... Ése es el ayuno que espera el Señor. Y a nuestro alrededor hay gente - niños, ancianos, enfermos, inmigrantes, etc.- que están necesitados, que sufren la injusticia y el desamor... Señor, que en esta cuaresma, no me quede sólo en lo externo, que “profundice”, que entre dentro del corazón... ¿Qué “ayuno”, qué “penitencia” concreta esperas de mí en esta cuaresma?
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
08/02/2008
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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