Viernes de la 2ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Viernes de la 2ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, Jesús subió a la montaña, llamó a los que quiso, y se fueron con él. A doce los hizo sus compañeros, para enviarlos a predicar, con poder para expulsar demonios: Simón, a quien dio el sobrenombre de Pedro; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, a quienes dio el sobrenombre de Boanerges -Los Truenos-; Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo y Judas Iscariote, que lo entregó. (Marcos 3, 13-19) 

  1. El evangelio nos presenta hoy la elección de los 12 apóstoles. Lo primero que nos dice es que “Jesús subió a la montaña”. La montaña, en la Biblia, es el lugar privilegiado de la manifestación de Dios, de encuentro con él. Jesús lo que hace, pues, es retirarse para buscar a Dios. Con frecuencia los evangelios nos hablan de que Jesús se retiraba al monte para orar, para buscar en la soledad el  trato  íntimo con el Padre. Sobre todo, cuando tenía que tomar una decisión importante, como la de elegir a los Doce. ¿No deberíamos también nosotros retirarnos con más frecuencia del tráfago diario para buscar encontrarnos con Dios y buscar la luz que necesitamos para no equivocar el camino?; ¿encontramos tiempo para ello? Jesús andaba muy ocupado predicando y atendiendo a la gente que le buscaba ansiosamente. Tanto que, a veces, ni tiempo para comer tenía, como dice el evangelio. Pero para este encuentro con el Padre ¡siempre encontraba tiempo! Y es que para Cristo el trato con el Padre ¡sí era importante!

 

  1. Después añade: “llamó a los que quiso y se fueron con él.”  Es Jesús el que toma la iniciativa, quien llama y elige. ¿Los elige porque eran hombres extraordinarios, de grandes cualidades y méritos? No parece: eran gente del pueblo muy normalita. Débiles como todos. Con defectos. Pero Cristo los miró con una mirada de predilección y los eligió. Como a nosotros. ¿Por qué nos eligió? No, por nuestros  méritos,  ni por ser más sabios y más santos. Sino porque él ha sido bueno con nosotros.  Qué bien lo entendió Sta. Teresa de Lisieux: “He aquí el misterio de mi vocación, de mi vida entera y, sobre todo, el misterio de los privilegios que Jesús ha dispensado a mi alma… El no llama a los que son dignos, sino a los que quiere.” Gracias, Señor, por haberme elegido gratuitamente, porque quisiste. Gracias porque, aunque te he traicionado muchas veces, me sigues mirando con mirada de predilección y me sigues queriendo. ¡Qué fiel eres, Señor, en el querer, qué fiel! Y yo…

 

  1. “A doce los hizo sus compañeros, para enviarlos a predicar, con poder para expulsar demonios”. El número preciso de doce, es simbólico: doce fueron las tribus del viejo Israel, y doce apóstoles serán los pilares del nuevo pueblo de Dios que Jesús va formar, de la comunidad cristiana. Y a ellos les encarga que le ayuden en su misión proclamando su mensaje de salvación a todos y haciendo avanzar el Reino de amor que ha inaugurado, liberando de toda esclavitud al hombre: del pecado y de los “demonios” que lo tienen poseído y le hacen sufrir. Esta será la misión del nuevo pueblo, de la Iglesia, de los cristianos. De nosotros hoy. Pero para continuar la misión de Cristo es necesario hacerse “compañero” de Cristo”, estar con él, escucharle, experimentar su amor, vivir en gozosa intimidad con él. Sólo así podremos hablar de Cristo convincentemente y hacer sus obras. ¿Cómo hablaremos de ti, Señor, si no te hemos tratado, ni escuchado, ni gustado tu amistad?; ¿cómo haremos tus obras de amor, si no nos hemos dejado poseer por el Amor, que eres tú? María, Madre de los apóstoles, Madre de la Iglesia, ruega por nosotros para que vivamos y obremos según la vocación a la que hemos si llamados y la misión que se nos ha encomendado. Que nuestra ingratitud, Madre, no frustre esa llamada y esa misión.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

25/01/2008


  • Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
  •