12 de enero

Paso la palabra. Para meditar cada día
12 de enero
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En esto está la confianza que tenemos en el Hijo de Dios: en que si le pedimos algo según su voluntad, nos escucha... Si alguno ve que su hermano comete un pecado que no es de muerte, pida y Dios le dará vida ... (1 Juan 5,14.16a)

En aquel tiempo, fue Jesús con sus discípulos a Judea, se quedó allí con ellos y bautizaba. También Juan estaba bautizando en Enón, cerca de Salín, porque había allí agua abundante; la gente acudía y se bautizaba (a Juan todavía no lo habían metido en la cárcel).
Se originó entonces una discusión entre un judío y los discípulos de Juan acerca de la purificación; ellos fueron a Juan y le dijeron: Oye, Rabí, el que estaba contigo en la otra orilla del Jordán, de quien tú has dado testimonio, ése está bautizando y todo el mundo acude a él. Contestó Juan: - Nadie puede tomarse algo para sí, si no se lo dan desde el cielo. Vosotros mismos sois testigos de que yo dije: «Yo no soy el Mesías, sino que me han enviado delante de él». El que lleva a la esposa es el esposo; en cambio, el amigo del esposo, que asiste y lo oye, se alegra con la voz del esposo. Pues esta alegría mía está colmada; él tiene que crecer y yo tengo que menguar
. ( Juan 3,22-30)

  1. Hoy terminamos el Tiempo de Navidad. Y terminamos también de meditar la carta de San Juan. Ayer nos llenábamos de gozo, al saber que, por la fe en Cristo Salvador, el Padre nos ha dado la vida eterna, pues vivimos en comunión de vida con el que es la Vida. Hoy, terminando su carta, san Juan nos dice que esto debe llenar nuestro corazón también de una gran confianza. El maligno atacará; pero Cristo lucha en nosotros y con nosotros. Él siempre nos escucha, cuando acudimos a él: “si le pedimos algo según su voluntad, nos escucha...” Reparemos: si le pedimos algo según su voluntad. Es lo que nos enseñó Jesús a pedir en el Padre nuestro: “Hágase tu voluntad...” Señor, ayúdame a no pedir más que lo que sea conforme a tu voluntad, lo que me haga crecer en la comunión de amor contigo y con mis hermanos.
  1. “Si alguno ve que su hermano comete un pecado..., pida y Dios le dará vida...“ Dios, en Cristo, nos ha hecho hijos suyos. Pero somos débiles, podemos pecar, romper el amor. Y el amor no debe taparnos los ojos ante el pecado del hermano, sino más bien abrírnoslos, puesto que –porque los amamos- su vida nos importa. Para san Juan el pecado es, ante todo, el desamor al hermano: el que no ama “permanece en la muerte”,”no ha pasado de la muerte a la vida”. ¿Qué hacer cuando el hermano peca? El pecado del hermano debe llevarnos a orar, no a condenar. Orar para que Dios le restituya a la vida, es decir, al amor. Jesús, con su vida y con su palabra, nos mostró cuánto importa a Dios el pecador... Tanto que lo busca sin descanso, como el pastor busca a la oveja perdida. Donde hay pecado, Dios se hace presente como salvador. Señor, que se meta en mi corazón esto: ante el pecado del hermano, condenar- lo menos y ore más por él.
     
  2. En el evangelio aparece Juan Bautista, dando su último testimonio a favor de Jesús. Hubo un tiempo en que Jesús y Juan coincidieron en la predicación y la administración del bautismo de penitencia... Los discípulos de Juan se sienten inquietos, porque ven que Jesús va tomando cada vez más prestigio y teniendo más seguidores, y acuden a su maestro: “Oye, Rabí, el que estaba contigo en la otra orilla del Jordán... está bautizando y todo el mundo acude a él.” Y Juan les responde: “Vosotros mismos sois testigos de que yo dije: Yo no soy el Mesías, sino que me han enviado delante de él..., él tiene que crecer y yo tengo que menguar.” Estupenda lección de humildad la del Bautista, el mayor de los profetas y de los nacidos de mujer, según dijo el mismo Cristo. Juan ha anunciado y presentado al Mesías, pero no es el Me-sías. El Esperado de los pueblos es Jesús y es Jesús el que debe crecer, mientras que Juan menguar... Señor, ¡qué fácilmente se nos cuelan el egoísmo, la vanidad y las celotipias en nuestras actividades de servicio, entrega y apostolado! Decimos que trabajamos por Dios y los hermanos, pero ¿no buscamos a veces más la aprobación y el aplauso de los demás? Si no, ¿por qué nuestro afán de protagonismo, nuestras envidias e incapacidad de alegrarnos por los triunfos de otros? Señor, que, como Juan, sepamos desaparecer nosotros, y que sólo nos importe que crezcas tú y tu Reino.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

12/01/2008


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