31 de diciembre – VII dentro de la Octava de Navidad

Paso la palabra. Para meditar cada día
31 de diciembre – VII dentro de la Octava de Navidad
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios... Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió… La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba,...y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre... Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.. . ( Jn 1,1-5.9-14.)

  1. Ultimó día del año. El Evangelio hoy nos recuerda que todo viene de Dios: “La Palabra era Dios… Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe… Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Por eso, al terminar el año, demos gracias a Dios por todo lo que en el año que termina nos ha dado: la vida, la salud, a amistad de tantas personas que nos quieren y nos han ayudado, la hermosura y la grandiosidad de la naturaleza de la que hemos podido gozar… Pero sobre todo, por su gracia, su amor, su compañía de cada día, su perdón en tantas ocasiones. ¿Cómo cantaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Te bendeciré, Señor, día y noche. Cantaré sin descanso tu fuerza salvadora. Proclamaré eternamente tu misericordia para conmigo.
     
  2. Pero hemos de preguntarnos también de qué hemos llenado la vida en el año que termina. ¿Qué lugar ha ocupado Dios, cuál los demás? ¿Le hemos abierto la puerta cada vez que ha llamado a ella? El evangelio también nos recuerda: “En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron.” Durante este año, Dios ha venido a nosotros muchas veces, ha querido entrar en nuestra vida, para orientarla, llenarla de sentido…, pero nosotros ¿le hemos acogido, le hemos permitido entrar? Reconocemos, Señor, que a veces hemos sido de la tiniebla y no te hemos recibido, del mundo y no te hemos conocido, de los tuyos que no te hemos abierto la puerta. Perdónanos, Señor. A pesar de nuestras debilidades y fallos, tú sabes que te queremos. Que queremos aprovechar el próximo año más para crecer en tu amor y en el amor a los demás. Por eso, como el hortelano de aquella higuera estéril, te pedimos que tengas paciencia, que nos cultives un año más con el abono de tu gracia.
     
  3. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros”. Al comenzar un nuevo año, queremos recordar, Señor, que sigues acampado entre nosotros. ¡Qué seguridad pone en nuestro corazón saberlo! Porque te necesitamos. Seguirán saliéndonos al paso nuestros egoísmos, nuestros cansancios y desánimos, nuestras soberbias e incomprensiones, nuestras pasiones… Pero tú estarás y lucharás con nosotros, Señor. Tú, “la luz verdadera, que alumbra a todo hombre”, ilumínanos, para que, en medio de la oscuridad de este mundo sin valores cristianos, donde lo que importa es la materia, el goce inmediato, el tener y tener, no nos perdamos. Y acompáñanos, este año guía nuestros pasos por el camino del bien, que hagamos tu voluntad en todo.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

31/12/2007


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