26 de diciembre – San Esteban, Protomártir

Paso la palabra. Para meditar cada día
26 de diciembre – San Esteban, Protomártir
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquellos días, unos se pusieron a discutir con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba... Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo: «Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios.» Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo... Esteban repetía: -«Señor Jesús, recibe mi espíritu.» Luego, cayendo de rodillas, lanzó un grito: -«Señor, no les tengas en cuenta este pecado.» Y, con estas palabras, expiró . (Hechos 6, 8; 7, 55-57.59-60).

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: "No os fiéis de la gente, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes, por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra sus padres, y los matarán. Todos os odiarán por mi nombre; el que persevere hasta el final se salvará ." ( Mateo 10,17-22).

  • Ayer nos alegrábamos con el nacimiento de Jesús en Belén. Dios se ha hecho uno de nosotros. Se ha hecho Niño. Pero el Niño de Belén es el que un día –ya adulto- será rechazado, perseguido y colgado de una cruz. Lo mismo ocurrirá a sus seguidores. Nadie será seguidor de Jesús impunemente. Lo advirtió él: “No os fiéis de la gente, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes, por mi causa”. Por eso, la liturgia, apenas celebrada la Navidad, nos presente el testimonio de Esteban... En Esteban vemos cumplido lo anunciado por ti, Señor, pero también, el triunfo de la fuerza que tú, que te has hecho Niño, nos das a los que te aceptamos y nos dejamos atrapar por tu amor. Encontraremos dificultades, seremos perseguidos, pero la fuerza de tu Espíritu nos mantendrá firmes, hasta dar la vida por ti, si es preciso.
  • En Esteban, el primero que dio la vida por este Niño que nos ha nacido, lo vemos hoy. Los Hechos de los Apóstoles nos cuentan que algunos judíos comenzaron a discutir con Esteban que defendía con fuerza a Jesús. Enrabietados por no poder hacer frente a su sabiduría, y porque proclamaba: “veo el cielo abierto y al Hijo del Hombre de pie a la derecha de Dios”, lo sacaron fuera de la ciudad y lo apedrearon. Esteban murió repitiendo: “Señor Jesús, recibe mi espíritu”, y rogando por los que lo mataban: “Señor, no les tengas en cuenta su pecado.” ¡Lección hermosa de fidelidad al Señor en la dificultad, y de cómo morir descansando en el amor de Jesús y perdonando a los que le mataban!... Señor, que aprenda la lección: serte fiel, proclamar con valentía tu mensaje, perdonar a los que nos hacen mal. Porque Esteban te fue fiel, la Iglesia celebra hoy con gozo su triunfo. Que nosotros, con nuestras palabras y obras, demos testimonio de ti, Señor, en este mundo descreído y así un día lleguemos, como Esteban, a gozar de la fiesta del Padre.
  • En los comienzos del cristianismo la persecución era violenta y cruel. También hoy lo es en algunos países. A nosotros quizás no nos persigan con la misma saña y violencia. Pero la persecución está ahí, y es dolorosa a veces. ¡Cómo asusta y duele que nos ridiculicen, o desprecien o minusvaloren por ser cristianos y vivir los valores del evangelio! Sobre todo, cuando la incomprensión procede de amigos o allegados. Y ¡cómo cuesta vencer ese otro “enemigo interior” que es nuestro yo egoísta, comodón y cobarde, que se echa atrás ante las exigencias que conlleva seguir a Jesús en el día a día, en las situaciones ordinarias de la vida! Señor, danos el Espíritu Santo que nos defienda y nos haga fuertes en la dificultad y que, en los momentos duros –y en los no tan duros, pero que tanto cansan- nos recuerde tu promesa: “el que persevere hasta el final se salvará."

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

26/12/2007


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