22 de diciembre - Adviento
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, María dijo: "Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia por siempre." María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa . (Lucas 1,46-56). Cuando María escucha la alabanza de Isabel: “¡Bendita tú entre las mujeres… ¡Dichosa tú porque has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá”, de su corazón brota, como potente surtidor, la gratitud, la alegría y la alabanza a Dios. Es el Señor el que merece ser alabado y glorificado. Ella no es más que una humilde muchacha de Nazaret, en la que él se ha fijado y, bondadosamente, ha levantado su pequeñez y la ha hecho su Madre. Por eso María grita a los vientos su alabanza: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí…” Y desde entonces, este canto de María -el "Magnificat", lo llamamos- es el himno de gratitud y alegría por antonomasia para la Iglesia. Madre, enséñame a entonarlo constantemente en alabanza agradecida al Señor, por todo lo que su bondad y misericordia han hecho también en mí. En lo que el Señor ha hecho en María, ella ve resumido el estilo de actuar de Dios a lo largo de la historia de la salvación. Por eso canta: “Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos”. En toda la Biblia Dios aparece complaciéndose en los humildes, pobres, hambrientos y explotados, a quienes alza y colma de bienes, mientras que a sus explotares -a los ricos y poderosos- los vence y humilla. Y es que los pobres se saben necesitados de Dios, de alguien que les salve, y esperan y confían en él, mientras que los ricos y poderosos -como todo lo tienen- no creen necesitar a Dios y no lo esperan... Tú, María, Madre, la humilde esclava del Señor, sí sentías necesidad del Mesías-Salvador y anhelabas y suspirabas por su venida. Por eso, Dios vino a ti y se encarnó en tu seno y llenó tu vida toda. Madre, ruega por nosotros, para que el Señor nos dé un corazón de pobre, vacío de nosotros mismos y de todo lo que estorbe para que él venga y se encarne en nosotros en esta Navidad.
Yo hoy, Madre, meditando tu canto, me alegro y exulto contigo. En verdad el Señor ha hecho obras grandes en ti: te ha elegido, entre todas las mujeres para ser la Madre del Mesías-Cristo, el que esperaba toda la Humanidad. ¿Hay honor más grande que se pueda conceder a persona humana? Y tú lo recibes, humilde y agradecida, como don gratuito del Señor. ¡Qué gran lección de humildad y gratitud! Ruega por mí, Madre, para que de mi corazón brote constantemente la alabanza agradecida al Señor por cuanto me ha dado: la fe, el bautismo que me hizo hijo de Dios y miembro de la Iglesia, la eucaristía, el perdón tantas veces recibido... María, Madre, Maestra de gratitud y de alabanza, ruega por nosotros para que vivamos la Navidad con corazón agradecido al Dios que nos ama y se hace Dios-con-nosotros.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
22/12/2007
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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