Lunes 1ª semana de Adviento A

Paso la palabra. Para meditar cada día
Lunes 1ª semana de Adviento A
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole: "Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho." Jesús le contestó: "Voy yo a curarlo." Pero el centurión le replicó: "Señor, no soy quien para que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: "Ve", y va; al otro: "Ven", y viene; a mi criado: "Haz esto", y lo hace." Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: "Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos." ( Mateo 8, 5-11).

  1. ¡Qué abiertos tiene Jesús los oídos para escuchar a los que, desde el sufrimiento, le llaman, y con qué prontitud acude a sus llamadas! El centurión sólo le expone su angustia: "Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho." Ni siquiera le pide que lo cure. Pero a Jesús le ha bastado: "Voy yo a curarlo", le dice. Ante esto, Señor, ¡qué sordo y remiso me descubro yo ante las peticiones de ayuda de mis hermanos! ¡Qué fácilmente me hago el remolón, el despistado…! Y es que, Señor, ¡tengo tanto miedo a que el otro me tuerza el camino, o me saque de mi comodidad y me complique la vida! Hoy te pido, Señor, que me abras el oído para escuchar las peticiones de los demás –aun las no formuladas explícitamente-, dame un corazón generoso, para acudir pronto a ellas. Como tú.
  1. Contemplemos al centurión aquél acercarse a Jesús. Para él, que era romano y oficial del ejército dominador, ¿no le resultaría humillante acercarse a mendigar ayuda de Jesús? Al fin y al cabo ¿quién eras Jesús para él? Un rabino judío, un miembro del pueblo dominado. Pero él rompe esquemas, se traga su orgullo y sus prejuicios y no sólo acude a Jesús, sino que confiesa: "Señor, no soy quién para que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano.” Y desde entonces generaciones y generaciones venimos escuchando la respuesta elogiosa del Maestro: “Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe.” Y los cristianos hacemos nuestra su humilde confesión antes de acercamos a recibir la comunión... Señor, que no repita sólo sus palabras; que las diga con la misma fe y la misma humildad que había en el corazón de aquel centurión.
  1. Hemos comenzado un año más el Adviento. El Señor viene a salvarnos, a liberarnos. Pero ¿sentimos necesidad de salvación, deseamos ser liberados? Sólo puede desear y esperar ser salvado el que se siente insatisfecho, esclavo. ¿Qué hubiera ocurrido si el centurión no hubiera admitido que necesitaba ayuda y se hubiera quedado en casa, sin acudir a Jesús? Por eso, Señor, hoy quiero pedirte, que me concedas la humildad del centurión para reconocerme necesitado, pecador, que sigo siendo esclavo del egoísmo, de la comodidad, de la soberbia, de la sensualidad… Y reconocer que sólo tú puedes remediar mi situación y llenar mi vida de un sentido pleno y gozoso. Señor, que crea en tu fuerza sanadora y en tus ganas de liberarme y hacerme feliz, con la firmeza, la seguridad y la confianza del centurión. Escúchame, Señor: “Ven, visítanos con tu paz y nos alegraremos en tu presencia de todo corazón .” (De la liturgia).

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

03/12/2007


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