Miércoles de la 11ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Miércoles de la 11ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará. Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará. Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.» (Mateo 6, 1-6- 16-18).

1.      Continúa el Señor enseñándonos cuál debe ser nuestro estilo de vivir como seguidores suyos. Nos advierte que no caigamos en el error de practicar la religión buscando que lo vea la gente para alimentar así nuestro orgullo y vanidad. Cuando obramos así, creemos que damos culto a Dios, pero en realidad estamos dando culto a nuestro “yo” y nos estamos “auto-promocionándonos”: “Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial”. Nosotros no debemos buscar la aprobación de los demás. Sólo nos debe importar que lo vea el Padre que ve en lo escondido, y él nos lo pagará. Y no es que tengamos que obrar para ganar la recompensa de Dios, sino que hemos de obrar por amor a Dios, pero el Señor es generoso, y nos recompensará. Señor,  que en lo que haga busque sólo agradarte a ti. Que las obras buenas que haga broten de la autenticidad de mi amor a ti y no del deseo de ser bien visto por los demás.

2.      El Señor concreta cuál debe ser nuestra actitud en algunas obras buenas como son la limosna, la oración y el ayuno. Y nos dice que no andemos por la vida  -como los fariseos- haciendo ostentación de limosneros, penitentes y orantes. Los de Cristo hemos de hacer las cosas con otra actitud y con otro espíritu: “Cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha... Cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre... Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayuna.”  Señor, a veces ¡qué malas pasadas nos juega el orgullo! Aunque lo negamos, muchas veces lo que buscamos es la aprobación de los demás. De hecho, ¿no nos sentimos decepcionados cuando no nos reconocen o agradecen lo bueno que hacemos? Señor, cuando obramos así  -haciendo publicidad de lo que damos o compartimos, o nos sentimos decepcionados, porque no nos lo agradecen o elogian-  mereceríamos ser expulsados de tu comunidad, pues no amamos gratuitamente. Cura mi orgullo, Señor; dame un corazón humilde; que sólo me importe que el Padre esté enterado y sea glorificado en todo.

3.      No quiere decir el Señor que los cristianos no hagamos nada que puedan ver los demás, como dar limosna y compartir lo que tenemos con los pobres, u orar públicamente con la comunidad, o guardar el ayuno. Lo que el Señor condena es que hagamos las cosas para la galería, para que nos vean y alaben los demás y así cobrar fama de gente buena, que era lo que hacían los fariseos. Los que así obran dice el Señor  “que ya han recibido su paga”. Efectivamente, ya han engordado su orgullo y su egoísmo, que es lo que buscaban. Lo de los cristianos es hacer el bien movidos exclusivamente por el amor a Dios y a los hermanos, que es lo que a Dios agrada. Por eso no nos debe importar que lo vea la gente o no, que lo reconozcan o no, ni lo que piensen los demás, sino lo que piensa el Padre, que ve lo que hay en nuestro corazón. 

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

19/06/2013


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