Miércoles de la 10ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Miércoles de la 10ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No creáis que he venido a abolir la Ley o los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el Reino de los cielos.» (Mt 5,17-19).

1.      Después de escuchar las Bienaventuranzas, la “carta magna” de la comunidad de Jesus, algunos se preguntaban si tendrían que romper con la religión judía que hasta ahora habían practicado o, por el contrario, debían seguir cumpliéndola. Jesús les dice: “No creáis que he venido a abolir la ley o los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.” Jesús no pretende hacer tabla rasa de la ley judía, sino perfeccionarla y completarla. El Antiguo Testamento (la Ley y los Profetas) es revelación de Dios y manifestación de su voluntad; pero no son la revelación definitiva. Jesús con su vida y su mensaje nos ha revelado el modo perfecto de  llevar a cabo la voluntad del Padre.  Por eso los cristianos no menospreciamos el Antiguo Testamento, pero hemos de interpretarlo a la luz de lo que ha hecho y dicho Jesús. Por otra parte, los cristianos no somos meros “cumplidores” de unas normas, sino seguidores de una persona, de Jesús. No nos basta cumplir, sino que estamos llamado a vivir el amor y la entrega sincera a Dios en todo lo que hacemos, como hizo Jesús. Hoy preguntémonos: ¿Estamos aun en el “cumplir”, o nos hemos atrevido a dar el salto para sumergirnos en la vivencia amorosa de la voluntad de Dios?

2.      Las Bienaventuranzas, pues, no son meras leyes que hay que cumplir. Por otra parte, ¿quién y cuándo podemos decir que hemos cumplido las Bienaventuranzas?; ¿cuándo podemos decir que somos suficientemente  pobres de espíritu,  o misericordiosos, o pacientes, o de corazón manso, etc.? La ley de la nueva alianza se afinca en el amor, que es la “plenitud” de la ley. Sin amor, ¿de qué sirve cumplir leyes y ritos? A lo largo del Sermón de la montaña, Jesús nos lo irá clarificando, al señalar algunos puntos en los que perfecciona la ley antigua. Son sus famosos “Habéis oído…, pero yo os digo…” Señor, dame un corazón dócil, que acoja con gozo lo que me vas a enseñar en estos días.  Además, Señor, para nosotros la ley eres tú, no ley escrita, sino “ley vivida”, “bienaventuranzas encarnadas”. Y ¿cómo vivir el espíritu de las Bienaventuranzas, cómo “vivirte” a ti con sólo nuestras fuerzas? Necesitamos, Señor, que nos des tu gracia, que nos des  la fuerza del Espíritu Santo para poder vivirlo.

3.     Jesús concluye  diciendo: “El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el Reino de los cielos.» El evangelio no hay  “nada que sea menos importante” que podamos dar de lado. Porque cuando se trata del amor, ¿hay algo que no tenga importancia? Cuando en el matrimonio, en la vida de familia, o de comunidad, etc., a lo “menos importante” –a los detalles, por ejemplo- les damos de lado, mala señal: el amor ha empezado a agonizar y puede morir. Lo mismo podemos decir cuando eso ocurre en la vivencia del evangelio, en la vida espiritual, en nuestra relación con Dios. Señor, enséñame a no despreciar nada de lo tuyo por más que parezca tener poca importancia. Que te ame y ame tu Palabra tanto que todo lo tuyo sea importante para mí. 

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

12/06/2013


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