Miércoles de la 7ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, dijo Juan a Jesús: “Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos prohibido, porque no es de los nuestros.” Jesús respondió: “No se lo impidáis, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro.” (Jn 9, 37-39) 1. Continúa Jesús educando a sus discípulos. Ahora aprovecha una anécdota, que pone de manifiesto el modo de pensar de Juan y de los demás. Juan cuenta al Maestro que, al ver a uno expulsando demonios en el nombre de Jesús, es decir, haciendo el bien que hacía Jesús y en nombre de Jesús, se lo prohibieron, porque no era de los del grupo. La respuesta de Jesús debió desconcertarles: No se lo prohibáis, “porque el que no está contra nosotros está a nuestro favor.” ¡Cuántos “juanes”, con miras estrechas, quedamos aún en tu Iglesia, Señor! Nos creemos con el monopolio del bien, de vivir el evangelio “como debe ser”, de ser cristianos “como Dios manda” y nuestro grupo es el de “los buenos”. Es decir, nosotros tenemos el monopolio de la autenticidad en el modo de vivir el evangelio. A los otros –hagan lo que hagan- los dejamos fuera. Más: les negamos el derecho a hacer el bien. Señor, ¡cuánto orgullo hay en nuestro corazón! ¡Con qué facilidad miramos por encima del hombro a los demás y los despreciamos! Hasta tus cosas, Señor, las utilizamos para “ser los primeros y más importantes.” 2. Otra tentación en la que caemos fácilmente “los buenos” es: creernos poseedores exclusivos de Dios y de la obra de Dios y de sus gracias. El bien sólo podemos hacerlo nosotros, como pensaban los discípulos. La extensión del Reino de Dios es tarea exclusiva de “nuestro grupo”, de “nuestro movimiento”, etc. Y no nos entra en la cabeza que Dios no es propiedad exclusiva de nadie. Que el Espíritu sopla donde quiere y sobre quien quiere, y nos comunica un espíritu de amor, abierto, y no un espíritu sectario: “El que no está contra nosotros está a favor nuestro”, dijo Jesús. Recordemos que Jesús dijo que tendrá en cuenta y premiará cualquier cosa que se haga en favor de los suyos, aunque sólo sea darles un vaso de agua. Y si tú, Señor, valoras el bien que se hace, y lo premiarás sin importarte quién sea el que lo haya hecho, ¿por qué no vamos a valorarlo y agradecerlo nosotros? Señor, que los cristianos nos alegremos cuando otros que no son de “los nuestros”, que no pertenecen a nuestra Iglesia católica (como tantas ONGs y organizaciones no religiosas), pero trabajan por el Reino, por crear una sociedad más justa, solidaria y fraterna y más conforme al corazón de Dios. 3. A veces da pena ver los “celos” con que reaccionan algunos cuando otros hacen el bien. Cuando los que hacen el bien, pertenecen a otra parroquia, a otra comunidad o movimiento con “mentalidad” o espiritualidad diferente a la suyas se sienten molestos. A veces da la impresión de que prefieren que las personas sigan “alejados” de Dios a que se acerquen a él y a la Iglesia, a través de ciertas Organizaciones o Asociaciones religiosas o Movimientos de Iglesia, cuya espiritualidad, no comparten. ¿Por qué no alegrarnos de que el Espíritu muestre su inmensa riqueza suscitando carismas distintos, espiritualidades distintas, caminos distintos, y hasta “teologías” distintas, etc., en la Iglesia de Cristo? ¿Por qué no aceptar que no tenemos la “exclusividad” del Espíritu, y que los otros tienen sus valores y su buena voluntad, y que el Espíritu también obra en ellos y por ellos…, aunque no coincidan en todo con nosotros? Señor, danos un corazón humilde, que busquemos tu gloria y que se haga el bien, y no, nuestra pequeña “gloria” o nuestra tonta “vanagloria” de triunfadores.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
22/05/2013
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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