Jueves de la 6ª semana de Pascua

Paso la palabra. Para meditar cada da
Jueves de la 6ª semana de Pascua
Por Jesús Aniorte

1. Preparacin

Seor, aqu estoy delante de ti. Aydame a tomar conciencia viva de que t ests conmigo siempre. Est donde est, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oracin me sea provechoso. Que vea claro qu quieres de m. Dame un corazn nuevo, que me gue por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Seor. Soy todo tuyo. Haz de m lo que t quieras. Amn.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Djate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexin te basta, qudate ah, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver." Comentaron entonces algunos discípulos: "¿Qué significa eso de "dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver", y eso de "me voy con el Padre"?" Y se preguntaban: "¿Qué significa ese "poco"? No entendemos lo que dice." Comprendió Jesús que querían preguntarle y les dijo: "¿Estáis discutiendo de eso que os he dicho: "Dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver"? Pues sí, os aseguro que lloraréis y os lamentaréis vosotros, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría." (Juan 16, 16-20).

1.      "Dentro de poco ya no me veréis…” Vuelve Jesús a hablar a los discípulos de separación. Pronto van a dejar de ver al Maestro. Es lógico que esto les preocupara y entristeciera. ¿Qué van a hacer ellos si el Maestro no está con ellos? También nosotros necesitamos a Jesús en medio de nosotros, para seguir creciendo como creyentes, para no desviarnos de su camino, para no decaer en la dificultad. Pero a veces el Señor se nos oculta… Y es lógico entonces sentirnos tristes. Lo verdaderamente triste sería no entristecernos. Porque, Señor, sería signo de que nos da lo mismo estar contigo que estar sin ti. Y eso, no, Señor. ¿No tenerte y no echarte de menos? ¿Cómo te buscaremos, si no sentimos necesidad de ti? Señor, que nunca dejemos de necesitarte. Que te busquemos, como la Magdalena te buscaba en el huerto, desconsolada,  después de ver el sepulcro vacío. ¡Qué oscura tristeza, Señor, no tenerte y  no echarte de menos! No lo permitas, Señor. ¡Es tan amargo!

2.      “…pero poco más tarde me volveréis a ver. Pues sí, os aseguro que lloraréis y os lamentaréis vosotros, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría." El alejamiento de Jesús, su ocultamiento, no será algo definitivo. La Pasión y la Cruz les ocultarán a Jesús. La noche va a caer  sobre ellos y se adentrará en sus corazones. Jesús -la Luz- va a quedar oculto en el sepulcro. Mientras, el mundo estará alegre, es decir, los incrédulos se alegrarán pensando que han vencido y  han eliminado al Nazareno que tan incómodo les resultaba. Pero, en la Resurrección, la Luz estallará de nuevo en medio de ellos. Las apariciones del Resucitado lo volverá a iluminar todo y desterrará la tristeza del corazón de los discípulos. Y el llanto se convertirá en gozo y en ganas de vivir y de seguir los caminos del Maestro. También para nosotros, en el camino de la fe, llega a veces  la oscuridad,  la aridez espiritual, la duda: nada nos dice la Palabra de Dios, la liturgia nos aburre, nos resulta difícil orar... Pero, Señor, que en esos momentos oscuros, sigamos esperando, creyendo que, aunque no te veamos, tú caminas con nosotros. Y, si perseveramos, tú cumplirás tu promesa de que nuestra tristeza se convertirá en alegría.

3.      Hoy, Señor, termino orando con este himno de la liturgia, en Laudes:

Estate, Señor, conmigo  /siempre, sin jamás partirte,
y cuando decidas irte, / llévame, Señor, contigo;
porque el pensar que te irás / me causa un terrible miedo
de si yo sin ti me quedo, / de si tú sin mí te vas.

Llévame en tu compañía / donde tú vayas, Jesús,
porque bien sé que eres tú / la vida del alma mía;
si tú vida no me das, / yo sé que vivir no puedo,
ni si yo sin ti me quedo, / ni si tú sin mí te vas.

Por eso, más que a la muerte, / temo, Señor tu partida
y quiero perder la vida / mil veces más que perderte;
pues la inmortal que tu das / sé que alcanzarla no puedo
cuando yo sin ti me quedo, / cuando tú sin mí te vas. Amén.

3. Dilogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregntate qu te pide el Seor... Hblale como a un amigo. Pdele perdn, dale gracias. Escucha en tu corazn qu te dice el Seor. Pide que te ayude para poder llevar a la prctica los deseos que han surgido en tu corazn.

09/05/2013


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