Domingo 4º de Pascua (C)
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, dijo Jesús: - «Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno.» (Juan 10, 27-30). 1. El evangelio de hoy es muy breve. Y en estas pocas líneas se nos presenta la relación del Resucitdo con su comunidad. Jesús es el Buen Pastor, el pastor bueno por antonomasia, que cuida a sus ovejas incluso jugándose la vida. El no es un asalariado al que le son indiferentes los suyos. El quiere ser nuestro amigo, por eso nos invita a establecer con él una relación de amistad. Y nos llama personalmente, a cada uno por nuestro nombre, porque cada uno le importamos. De sus ovejas dice: «Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen.” ¿Escuchamos nosotros su voz? ¿Acogemos la palabra del Buen Pastor, le abrimos el corazón sin miedo, sin acomodarla a nuestros intereses, sin limarle las aristas? Señor, Buen Pastor, que cada día me ponga a la escucha atenta de tu voz y te siga incondicionalmente, sin ponerte “peros”... 2. “…y ellas me siguen.” La Palabra acogida empuja al seguimiento del Señor. Y seguir a Jesús es asumir su estilo de vida, es vivir como él vivió. No se trata sólo de admirar al Buen Pastor, sino de reproducir su imagen en nuestra vida. Y trabajar por lo que él trabajó: para hacer un mundo más humano, más habitable, más según el corazón bueno del buen Dios. ¿Es ése nuestro seguimiento? ¿Los que nos tratan y conviven con nosotros descubren el rostro de Jesús en nuestra vida? ¿Aparece Jesús en nuestras relaciones de familia, laborales, de amistad, comunitarias...? Allí donde estamos ¿se hace cada vez más presente el Reino de Vida, de Amor y de Paz del Buen Pastor? Señor, que no me quede en la sola admiración de tu persona y tu obra, sino que viva como viviste tú. 3. Jesús no llama para aprovecharse de sus ovejas, como los pastores asalariados, sino que él llama para enriquecer a sus ovejas, para darles la vida definitiva: “Yo les doy vida eterna.” Jesús no sólo nos conoce y nos protege, sino que nos introduce en la unidad de amor que él vive con el Padre. De ahí que diga que nos da la vida eterna, pues nos comunica la vida que el Padre le ha comunicado a él: nos hace hijos de Dios y nos contagia su inmortalidad. “Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre.” Somos el regalo del Padre a Jesús. Estamos en muy buenas manos: en las manos amorosas del Padre y de Jesús, de las que nada ni nadie nos puede arrebatar. ¿Qué temer, pues? Los que hemos escuchado al Buen Pastor podemos sentirnos, pues, seguros y en paz. Estamos llamados a vivir con el Padre y con el Resucitado.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
21/04/2013
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