Domingo 3º de Pascua (C)
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: - Me voy a pescar. Ellos contestan: - Vamos también nosotros contigo. Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dice: - Muchachos, ¿tenéis pescado? Ellos contestaron: - No. Él les dice: Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis. La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces.... Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: - Traed de los peces que acabáis de coger. Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: - Vamos, almorzad...Después de comer con ellos, dice a Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?" Él le contestó: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero." Jesús le dice: "Apacienta mis corderos." Por segunda vez le pregunta: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?" Él le contesta: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero." Él le dice: "Pastorea mis ovejas." Por tercera vez le pregunta: "Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?" Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: "Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero." Jesús le dice: "Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas donde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará donde no quieras." Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió: "Sígueme." (Juan 21, 1-19). 1. Estos domingos, la liturgia nos está presentando distintos encuentros del Resucitado con los suyos. Jesús se deja ver vivo, en medio de ellos, allí donde están y en las circunstancias en las que están. Hoy se deja ver de los discípulos, que han vuelto a Galilea y a su antiguo oficio de pescadores, de donde les sacó la llamada de Jesús. Han estado pescando durante la noche y no han pescado nada... Y allí, en su tarea, en la dificultad, en el desencanto, se les hace presente Jesús y les dice: “Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis. La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces.” Ahí tenemos: Sin Jesús nada: sólo fatiga y desencanto. Con Jesús, haciendo lo que Jesús dice, todo: las redes se llenan de peces. 2. ¿No es la historia de muchos fracasos nuestros, de muchas frustraciones? A veces, nos empeñamos en trabajar solos, apoyados en solas nuestras fuerzas. Y trabajamos y trabajos, y nuestras redes no se llenan: ni cambiamos nosotros personalmente, ni cambia la familia, ni el matrimonio, ni la comunidad cristiana o religiosa, ni nuestro ambiente, etc. ¿No pensamos que tal vez las cosas irían de otra manera, si nos pusiéramos más a la escucha del Señor e hiciéramos lo que él nos aconseja? ¿Qué hubiera ocurrido, si los apóstoles hubieran pensado que ellos conocían bien su oficio y era absurdo insistir en la pesca, y no hubieran hecho caso a lo que Jesús les dijo? Señor, que, en los trabajos por ti y tu Reino, contemos más contigo. Hazte presente en medio de nuestras fatigas, dificultades y fracasos. Háblanos y dinos qué debemos hacer. Y que nosotros te escuchemos, y nos fiemos de ti y hagamos lo que nos dices, 3. Cuando llegan a la orilla, ven unas brasas con un pan y un pescado. Jesús les invita: “Vamos, almorzad”. Y toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Es un pan que ellos no han preparado, y un pescado que tampoco han pescado. También a nosotros cada domingo el Señor nos invita a una mesa que no hemos preparado nosotros, sino que nos prepara él con amor y generosidad. Gracias, Señor, por tu invitación. Que no rechacemos nunca sentarnos contigo. Y que aprendamos a invitar también a nuestros hermanos los hombres a sentarse a nuestra mesa con nosotros... Después, Jesús pregunta a Pedro: -Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?" -"Sí, Señor, tú sabes que te quiero", responde Pedro. Y como queriendo comprobar la seguridad de su amor, le repite la pregunta otras dos veces. El pobre Pedro a la tercera vez se entristece y responde con humildad: "Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero." La historia de Pedro ¿no es nuestra propìa historia? Cuántas protestas de amor, cuántos propósitos de vivir según el evangelio, pero también cuántas “negaciones” y traciones… Hoy, Señor, me siento mirado por ti, con el cariño con que mirabas a Pedro y escucho la misma pregunta que hacías a él, y no puedo decirte sino lo de Pedro: Señor, tú me conoces, tú conoces mi flaquezas, que te he traicionado muchas veces; pero así y todo, me atrevo a decirte: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Pero te pido que no permitas que vuelva a traicionarte nunca más.”
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
14/04/2013
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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