25 de marzo – La Anunciación del Señor

Paso la palabra. Para meditar cada día
25 de marzo – La Anunciación del Señor
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: "Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo." Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: "No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin." Y María dijo al ángel: "¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?" El ángel le contestó: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible." María contestó: "Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra." Y la dejó el ángel. (Lucas 1,26-38)

1. Hoy es la fiesta de la Anunciación del Señor. O fiesta de la Encarnación, que dicen otros. Porque lo que se le anuncia es eso: que el Verbo, la Palabra de Dios se encarna, se hace hombre en el seno de María. Es el hecho más  trascendental de la historia de la humanidad, el acontecimiento más maravilloso y entrañable de las relaciones de Dios con el hombre: Dios se abaja, se humilla,  asumiendo la debilidad y miserias humanas, menos el pecado, y se hace uno de nosotros. Es estremecedor pensarlo. Orando en la Iglesia de la Anunciación, en Nazaret, experimenté uno de los estremecimientos emocionados más fuertes de mi vida al leer la inscripción que hay en el suelo del presbiterio: “Hic Verbum caro factum est” (aquí el Verbo se hizo carne). Gracias, Señor. Gracias. Gracias.

2. ¡Qué inmenso amor al hombre! A mí, al otro y al otro y al otro…, a cada uno de los nacidos de mujer. ¡Cuán grande la bondad y misericordia del Señor! ¡Y qué lección de humildad! Cristo, como dice san Pablo, no hizo alarde de su categoría de Dios; antes, al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tanto. ¡Y menos que uno de tantos te hiciste, Señor! Porque –en tu pasión- apareces hecho un guiñapo, sin figura de hombre. Qué contraste, Señor: tú, bajando de tu pedestal divino; y yo, buscando cómo subirme a algún “pedestalito” idiota, para estar por encima de los demás. Tú, asumiendo las mayores humillaciones; y yo, no aguantando la más leve desatención. ¡Perdona, Señor, tanto orgullo y soberbia! Dame un corazón humilde y sencillo.

3. Dios quiso servirse de María –la Pequeña María- para hacerse el “Emanuel”, el Dios-con-nosotros. Hoy el ángel le anuncia los planes que Dios tiene sobre ella: ser la Madre del Hijo de Dios. Ante tal misión tiembla. Pero acepta: "Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.” Martín Descalzo pone en boca de María estas palabras, recordando este acontecimiento: “Ahora sé que elegí bien la palabra: “Esclava, esclava”. Pude decir sencillamente: “Dile que sí, que estoy de acuerdo”. O responder: “El sabe que estoy a sus órdenes”. O preguntar: “¿Acaso Dios tiene que pedirme a mí permiso?” Pero dije: “He aquí la esclava”, sin comprender hasta qué punto me convertía en lo que estaba diciendo, en alguien a quien arrastrarán siempre con los ojos cerrados por túneles oscuros que jamás entenderá”.  María, Madre: aquel día te declaraste esclava y dijiste “hágase”  y nunca te desdijiste... Señor, todos tenemos nuestra anunciación: a todos nos llama tu amor para una misión. Que como María te digamos: Aquí está la esclava, el esclavo del Señor; que se haga en mí lo que tú deseas. Y que, como ella, vivamos cada día nuestro “hágase”, con generosidad, a pesar de las dificultades. Danos, Señor, tu Espíritu Santo, que nos guíe y fortalezca en los momentos oscuros y difíciles.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

08/04/2013


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