Jueves de la 3ª semana de Cuaresma
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, Jesús estaba echando un demonio que era mudo y, apenas salió el demonio, habló el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron: - Si echa los demonios es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios. Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo en el cielo. Él, leyendo sus pensamientos, les dijo: - Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino? Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú; y, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero, si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín. El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama. (Lucas 11,14-23). 1. Jesús sigue haciendo el bien a los necesitados. Hoy echa a un demonio que era mudo. Ante ello la multitud se admira: ¿quién es Jesús, que tiene poder para expulsar demonios? Sin embargo, hay quienes se resisten a creer en él y a aceptar su mensaje. Estos, para justificar su rechazo y apartar de Jesús a la gente, le acusan de endemoniado: “Si echa los demonios es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios”. Son “sordos” a la Palabra de salvación que Jesús les proclama. La Bondad y el Amor de Dios están obrando delante de ellos, y ellos se niegan a ver. Dios llama a su puerta, y ellos no le abren. ¡Qué duro el corazón de aquella gente, Señor! Y yo ¿no me estoy haciendo el sordo y el ciego y resistiendo a tus llamadas? El rechazo de aquéllos te debió producir una inmensa tristeza. Y mi resistencia a tu amor, sé que te entristece también. Señor, cúrame de esta sordera; que en esta cuaresma pierda el miedo y te escuche y te abra la puerta de mi corazón. 2. Cuando el corazón humano se endurece, ni el milagro lo ablanda. Negará que el amor de Dios ande por medio, y lo atribuirá a cualquier causa -aunque sea absurda-. O exigirá que Dios actúe acomodándose a su parecer y que haga lo que a él se le antoje. Como aquéllos, que en vez de sentirse llamados a convertirse ante el milagro que acaban de presenciar, acusan a Jesús de que lo hace en nombre de Belcebú. Para ellos las curaciones y las expulsiones que realiza Jesús no son signos válidos para probar que es el Mesías. Por eso “para ponerlo a prueba, le pedían un signo en el cielo”, como detener el sol o algo así, que era lo que ellos esperaban del Mesías... Señor, ¡para justificar nuestra dureza de corazón somos capaces de poner cualquier excusa, como pedirte signos, pero no los que tú quieras, sino los que a nosotros nos parezcan bien! ¿Con qué argumentos defiendo yo mi tibieza espiritual, la mediocridad de vida cristiana, mi negativa a compartir lo mío con los pobres, mi olvido de la vida de oración…? Desenmascara, Señor, todas mis necias argucias para no seguirte con más fidelidad. Hazme ver claramente mi mentira. 3. Este episodio evangélico de hoy termina con una advertencia de Jesús, que es una llamada a todos: “El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama”. No podemos continuar nadando entre dos aguas, jugando al sí y al no, diciendo una cosa y haciendo otra. Jesús no nos deja alternativa: o tomamos nuestra vida y se la entregamos toda para que fructifique en frutos de evangelio, o la desparramamos inútilmente. No podemos seguir engañándonos: o vivimos cara a Dios o dándole la espalda. Señor, que seamos coherentes con nuestra fe. Que en este tiempo de cuaresma clarifiquemos con valentía nuestra actitud. Que apaguemos, por fin, la vela que tenemos encendida al diablo y sólo mantengamos encendida la de Dios. Ayúdanos, Señor, danos tu gracia, para que dejemos de “desparramar” y nos decidamos a “recoger” contigo de una vez por todas.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
07/03/2013
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
|