Domingo 3º de Cuaresma (C)

Paso la palabra. Para meditar cada día
Domingo 3º de Cuaresma (C)
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En una ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó: - « ¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.» Y les dijo esta parábola: - «Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: "Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?" Pero el viñador contestó: "Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, la cortas".» (Lucas 13, 1-9).

1.    Jesús sigue  invitando a la gente a dejarse ganar por el amor de Dios.  Ahora con ocasión de unos hechos que estaban frescos en la memoria de los que le oían: uno era la muerte violenta de unos galileos, a manos de los soldados de Pilatos,  mientras ofre-cían el sacrificio en el templo;  y otro, la muerte de  18 personas sobre los que cayó la torre de Siloé. En ambos casos la muerte fue repentina, inesperada. Según la mentalidad judía, la gente pensaba que serían pecadores  y por eso Dios los había castigado. Jesús corrige esa mentalidad: les dice que en vez de pensar si los que han muerto lo tenían merecido por sus pecados, lo que deben hacer es tomar conciencia de que Dios –con esos acontecimientos- los está llamando a convertirse, a cambiar de modo de pensar y de vivir, pues ellos no son menos pecadores que los que han  muerto. Y también a ellos puede llegarles la muerte repentinamente y sorprenderles con las manos vacías, sin frutos de buenas obras.  Ante las desgracias - la enfermedad, la muerte, un fracasoetc.-  ¿cómo reaccionamos nosotros?, ¿nos preguntamos qué nos dice el Señor con esos acontecimientos? Señor, que veamos en ellos, no castigos tuyos a nadie, sino llamadas amorosas que nos haces a convertirnos,  a mirar nuestras manos, no sea que  la muerte nos llegue de repene y nos encuentre con las manos vacías de obras buenas. 

2.      A veces nos escandalizamos y protestamos de los males de nuestro mundo: la insolidaridad, la violencia, el egoísmo materialista, las injusticias, la pérdida de los valores humanos y cristianos... Pero habitualmente nos quedamos en ver y criticar sólo lo que atañe a la responsabilidad de los otros, y no vemos que nosotros tenemos buena  parte de responsabilidad en esos males. Porque, si en en nuestra sociedad abunda el mal, no es sólo porque los otros son malos, sino porque entre todos –también nosotros- lo hacemos “malo” con nuestros egoísmos y nuestro miedo al compromiso, con nuestro cristianismo aburguesado y nuestra despreocupación de los problemas de los demás, etc. Juan A. Pagola dice: “Jesús nos invita a no pasarnos la vida denunciando culpabilidades ajenas. Una actitud de conversión exige además la valentía de reconocer con sinceridade el propio pecado y comprometernos en la renovación de la propia vida.”  Hoy, Señor, nos invitas   –como invitabas a aquellos judíos del evangelio de hoy- a mirar menos a los demás para condenarlos, y mirarnos más a nosotros mismos para ver en qué estamos fallando e intentar cambiar. Porque también a nosotros nos adviertes hoy el Señor: “si no os convertís, todos pereceréis lo mismo.”

3.      Ya estamos en la tercera semana de cuaresma. Tal vez la iniciamos con deseos de aprovechar este tiempo de gracia que nos concedía el Señor. Pero ¿está siendo así? ¿En nuestra vida están apareciendo los frutos de conversión? La parábola de la higuera que no da  fruto, de la que habla el evangelio, debe ser un aviso fuerte para nosotros. Ante nuestras vidas sin frutos –o con muy pocos frutos-, el Señor tiene paciencia y sigue dándonos nuevas oportunidades. Pero ¿hasta cuándo? Dice Ricardo de Luis Carballada: “La paciencia de Dios es lo que envuelve el regalo del tiempo. Dios nos concede tiempo, nos da ocasio­nes constantes para crecer y de­sarrollarnos. Y sólo nos pide que sepamos aprovecharlas.” Señor, que, en los semanas de Cauresma que quedan,  no me adormile y malgaste inútilmente el regalo precioso del tiempo tan lleno de posibilidades, que me das. No sé si será mucho o poco. Por eso, ayúdame, Señor, a aprovecharlo avaramente para llenar mi vida de obras de amor, que son las que me pides y de las que me examinarás al final.       

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

03/03/2013


  • Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
  •