Sábado de la 1ª semana de Cuaresma
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.” (Mateo 5, 43-48) 1. Un paso más en el camino de la conversión, del cambio de corazón: amar al enemigo. Nos dice el Señor hoy: “Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen”. Martín Descalzo dice que “el día que estas palabras sonaron por primera vez en el mundo giraba la historia de la humanidad, comenzaba –al menos en esperanza- la primera, la única gran revolución que conoce o podría llegar a conocer el mundo.” Otros habían hablado de amor al que es de la familia, al amigo, al vecino. Pero de amar al enemigo -al que te aborrece, te hace daño y te calumnia-, a nadie se le había ocurrido hablar sino a Jesús. El ha querido que el amor a los enemigos sea una de las señas de identidad más características de los pertenecientes a su comunidad. Señor, ¿no has llegado demasiado lejos en tus exigencias? ¿Quién puede llegar ahí, si tú no empujas fuerte, si tú no cambias este corazón tan lleno del “te doy si me das”, “te amo si me amas”, “te trato como me tratas”? Mira que sobrepasa nuestras fuerzas. Ayúdanos, Señor. 2. Y es que “...si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos... y los gentiles? Al amigo, al de la familia, al que se porta bien con uno, lo aman también los pecadores y los paganos. Del amor al amigo podemos dudar si es totalmente gratuito o está contaminado de egoísmo, de interés, puesto que del amigo podemos esperar que nos corresponda. Pero del enemigo ¿qué podemos esperar?... Por eso, el amor al enemigo es el verdadero amor, pues no depende de lo que hemos recibido o esperarnos recibir del otro, sino que es plenamente gratuito. Y así nos ama Dios, gratuitamente; no, porque nos portemos bien, sino porque él es bueno. Por eso no hace distinciones y “hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.” Esa ha de ser nuestra meta: “Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.” Señor, que el Espíritu Santo plante ese amor gratuito y desinteresado en nuestros corazones y nos haga capaces de amar y bendecir a todos, amigos y enemigos, como lo hace el Padre, que es todo ternura y a todos acoge. 3. “Así seréis hijos de vuestro Padre”. Es la consecuencia del amor al enemigo: Ser hijos del Padre celestial, amados, queridos por él como hijos. ¿Puede haber recompensa más preciada? Padre, haz que seamos dignos hijos tuyos amando a todos: a los buenos y a los malos, a los de aquí y a los de allá, a los simpáticos y a los que nos parecen detestables, puesto que a todos los amas tú. Señor, dame tu gracia para que ame a los que no amo, a los que no me quieren y se portan mal conmigo. ¡Qué estupenda manera será de “ayunar y sacrificarme” en esta cuaresma!
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
23/02/2013
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
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