Martes de la 3ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Martes de la 3ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, llegaron la madre y los hermanos de Jesús y desde fuera lo mandaron llamar. La gente que tenía sentada alrededor le dijo: -«Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan.» Les contestó: -« ¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?» Y, paseando la mirada por el corro, dijo: -«Éstos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.» (Marcos 3, 31-35).

1.      La Madre de Jesús y sus parientes van a buscarlo. Como tienen dificultad para acceder a él, le envían un recado: -«Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan.» La respuesta de Jesús es algo desconcertante: «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?» Dice R. Schnackenburg: “Jesús se había alejado de la familia para seguir el llamamiento divino, y demuestra ahora que también internamente se ha librado de ellos, no por frialdad de sentimientos o desprecio de los vínculos familiares –que en Palestina eran muy estrechos-, sino por pertenecer a Dios por completo.” De ese modo Jesús realiza también lo que pedirá que hagan los que quieran seguirle: estar dispuestos a renuncia incluso al padre y a la madre por amor al Reino (Mt 10,37). Y es que, Señor, tú has ido siempre por delante: no sólo nos señalas el camino, sino que lo recorres antes; no dices lo que hemos de hacer, sino que lo haces tú primero. Lo recordaré, Señor, cuando me parezca a demasiado duro lo que me exiges.

2.      Pero Jesús no pretende enseñarnos sólo que, para seguirle, tenemos que estar dispuestos a renunciar incluso a la familia. Con su respuesta lo que realmente pretende Jesús es hablarnos de su nueva familia espiritual, de la nueva comunidad que está formándose en torno a su persona y de las condiciones para pertenecer a ella. En esta nueva familia, en la comunidad de Jesús, lo importante no son los vínculos de la sangre –el ser hijos de Abraham-, sino la adhesión incondicional a su persona, por la que se crean vínculos de comunión espiritual con él: “¿Quiénes son mi madre y mis hermanos? Y, paseando la mirada por el corro, dijo: -«Éstos son mi madre y mis hermanos”. Y la condición para formar parte de ese “corro”, de esa familia, es cumplir la voluntad del Padre, el designio de Dios: “El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.»  Y aquí está María, su Madre biológica. Porque ¿quién mejor que ella ha realizado el designio de Dios? Ella fue la primera y más perfecta discípula de Jesús, la mejor oyente de la Palabra y la que mejor la ha puesto en práctica… María, Madre, enséñame a acoger y vivir la Palabra, que no me queda en sólo escucharla.

3.      Nosotros, los que hemos sido bautizados, hemos entrado a formar parte de la familia de Cristo. Pero hoy nos advierte que no nos equivoquemos: no basta estar bautizados y estar inscritos en el libro de bautismos. Hace falta cumplir la voluntad de Dios. Como la cumplió Jesús, como la cumplió su Madre María. No podemos, pues, dormirnos… Señor, hoy te pido que me despiertes del sueño en el que a veces vivo sumergido. Que escuche y acoja tu Palabra que me revela la voluntad del Padre, y que la ponga en práctica. Y Tú, Maria, Madre de Jesús y Madre mía, ruega por mí para que sea verdadero discípulo de tu Hijo, que escuche  y viva la Palabra escuchada.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

29/01/2013


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