19 de diciembre - Adviento

Paso la palabra. Para meditar cada día
19 de diciembre - Adviento
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En tiempos de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías, del turno de Abías, casado con una descendiente de Aarón llamada Isabel. Los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor. No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran de edad avanzada. Una vez que oficiaba delante de Dios con el grupo de su turno, según el ritual de los sacerdotes, le tocó a él entrar en el santuario del Señor a ofrecer el incienso; la muchedumbre del pueblo estaba fuera rezando durante la ofrenda del incienso. Y se le apareció el ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías se sobresaltó y quedó sobrecogido de temor. Pero el ángel le dijo: "No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan. Te llenarás de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento. Pues será grande a los ojos del Señor: no beberá vino ni licor; se llenará de Espíritu Santo ya en el vientre materno, y convertirá muchos israelitas al Señor, su Dios. Irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia los hijos, y a los desobedientes, a la sensatez de los justos, preparando para el Señor un pueblo bien dispuesto." Zacarías replicó al ángel: "¿Cómo estaré seguro de eso? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada." El ángel le contestó: "Yo soy Gabriel, que sirvo en presencia de Dios; he sido enviado a hablarte para darte esta buena noticia. Pero mira: te quedarás mudo, sin poder hablar, hasta el día en que esto suceda, porque no has dado fe a mis palabras, que se cumplirán en su momento." El pueblo estaba aguardando a Zacarías, sorprendido de que tardase tanto en el santuario. Al salir no podía hablarles, y ellos comprendieron que había tenido una visión en el santuario. Él les hablaba por señas, porque seguía mudo. Al cumplirse los días de su servicio en el templo volvió a casa. Días después concibió Isabel, su mujer, y estuvo sin salir cinco meses, diciendo: "Así me ha tratado el Señor cuando se ha dignado quitar mi afrenta ante los hombres.” (Lucas 1,5-25). 

1.      En este relato vemos el triunfo de la oración.  Zacarías e Isabel  piden a Dios un hijo. Dios les escucha y les anuncias el nacimiento de Juan: "No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan...” Notemos el saludo del ángel.: “No temas...” Como el saludo a María y a tantos otros en la Biblia. Y es que Dios llega siempre dando ánimo, anunciando la salvación, nunca aplastando  o deprimiendo. Isabel era estéril, pero no importa: le dará un hijo a Zacarías.  Porque el amor de Dios es capaz de hacer fecundo lo que es estéril... Hoy me siento invitado a orar. A perseverar en la oración.  Al que ora perseverantemente  el Señor termina escuchándole. ¿Cuántos años llevaba Zacarías pidiéndote un hijo? Y cuando ya son viejos los dos esposos, cuando ya es  imposible, cuando han perdido toda esperanza, Dios les concede el hijo pedido.  Señor, haz que mi infertilidad de vida de evangelio se haga fecunda: ábreme, en la Navidad, a la nueva vida que tú prometes y traes. Que esas zonas de mi vida estériles, florezcan en vida nueva de amor y entrega.

2.      Juan será el precursor, el que  “irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia los hijos, y a los desobedientes, a la sensatez de los justos, preparando para el Señor un pueblo bien dispuesto." Será el enviado por Dios para llamar a la conversión del tiempo final,  el heraldo del Señor que va a venir para salvar al pueblo... La tarea del Bautista es tarea para todos los tiempos y generaciones. A cada uno de nosotros nos ha llamado personalmente el Señor para ser “Juan Bautista” para los hombres de hoy. Para que realicemos  la misma tarea: trabajar para Cristo, abrirle caminos, preparar sus venidas, ayudar a los demás para que le encuentren, orientar a los que no le conocen para que descubran su amor...  Maravillosa y comprometida tarea, Señor, la de participar  -como el Bautista- en la historia de la salvación, la de preparar a los hombres de hoy –como lo hizo ayer él- para que sepan descubrirte y "acogerte.” Pero ¿es esto lo que hago, es mi principal preocupación?

3.      Zacarías, no termina de fiarse de lo que le dice el ángel;  mira las cosas con mirada excesivamente humana. Olvida que los planes de Dios siempre desbordan  nuestros planes. Pide una prueba: "¿Cómo estaré seguro de eso? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada." Pero la palabra de Dios es fuerte y se cumple. Y libra del oprobio de la esterilidad -pues así era considerada en aquellos tiempos el no tener hijos- a aquellos esposos.  Señor, fíjate en nosotros y escucha nuestra oración, aunque, a veces, nos cueste reconocer la fuerza de tu poder salvador. Líbrame del oprobio de mis pecados y lléname de la alegría de tu salvación en esta Navidad. Faltan pocos días ya. Concédeme estar atento a las llamadas  que me haces en este final de Adviento. «Oh Renuevo del tronco de Jesé,  que te alzas como un signo para los pueblos,  ante quien los reyes enmudecen  y cuyo auxilio imploran las naciones, ven a librarnos, no tardes más». Sí, Señor, ven a librarme, que lo necesito.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

19/12/2012


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