Jueves de la 2ª semana de Adviento
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
Yo, el Señor, te agarro de la diestra y te digo: no temas, yo mismo te auxilio; “No temas, gusanito de Jacob, oruga de Israel, yo mismo te auxilio -oráculo del Señor-, tu Redentor es el Santo de Israel. Los pobres y los indigentes buscan agua y no la hay; su lengua está reseca de sed. Yo, el Señor, les responderé. Yo, el Dios de Israel, no los abandonaré. Alumbraré ríos en cumbres peladas; en medio de las vaguadas, manantiales; transformaré el desierto en estanque y el yermo en fuentes de agua.(Isaías 41:14.17.18) En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer nadie mayor que Juan el Bautista. Pero el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él. Desde los días de Juan hasta ahora, el Reino de los Cielos padece violencia, y los esforzados lo conquistan. Porque todos los Profetas y la Ley profetizaron hasta Juan. Y si queréis comprenderlo, él es Elías, el que ha de venir El que tenga oídos, que oiga. (Mateo 11, 11-15). 1. Isaías aparece otra vez animando al pueblo desterrado y animándonos a nosotros en este adviento. Israel, en el destierro, es como un gusano pisoteado. Pero Dios no se ha olvidado de él. Lo quiere y le habla con cariño: “Yo, el Señor, te agarro de la diestra y te digo: No temas, gusanito de Jacob, oruga de Israel, yo mismo te auxilio.” ¿No emociona esta ternura del Señor? Israel se olvidó de Dios, pero Dios no se ha olvidado de Israel. Y ahí está, agarrándolo de la mano para levantarlo y sacarlo de su postración. Nosotros somos ese “gusanito” al que habla el Señor en este Adviento. Podemos sentirnos aplastados por la rutina, la decepción, el cansancio, el pecado..., pero Dios está con nosotros. El viene en Jesús para agarrarnos de la mano y levantarnos. ¿Cómo no dar gracias al Señor y dejar que el gozo esperanzado llene nuestro corazón? ¡Gracias, mi Dios, por tu ternura! 2. Desierto es igual a soledad, calor, aridez: ni una sombra, sin agua, sin vida, sólo muerte. Los pobres y los indigentes buscan agua, pero no la hay”. Pero la fuerza y el amor de Dios es capaz de transformarlo todo: “Alumbraré ríos en cumbres peladas; en medio de las vaguadas, manantiales; transformaré el desierto en estanque y el yermo en fuentes de agua.” Es la salvación mesiánica, la vuelta a la felicidad primera del paraíso cuando no había pecado. Así, también el Señor puede transformar el desierto de nuestra sociedad injusta y materialista y cada vez menos cristiana, y el desierto de nuestras vidas cristianas amodorradas, y de nuestras familias y comunidades sin entusiasmo, y hacer que corran por él ríos de amor, de comprensión, de entusiasmo, de justicia y de vida. Ven, Señor Jesús. Estamos sedientos. Danos el agua viva de tu gracia y de tu amor. Ven y recréanos, haznos nuevos. 3. En este tiempo de espera, la liturgia nos presenta en diversas ocasiones a Juan Bautista, el precursor, el que anuncia al Salvador esperado, que viene Nosotros ya estamos viviendo el tiempo de la salvación del Señor, pero caminamos buscando, anhelando y pidiendo la plenitud de la salvación todavía no alcanzada. Entre tanto, nos toca ser “Juan Bautista” para las gentes de hoy: anunciar y preparar el camino del reino de Dios iniciado por el Señor Jesús; ese reino de amor, de vida, de paz y justicia, que padece violencia, que pugna por surgir y abrirse camino en medio de este mundo de egoísmos, de desamor, de insolidaridad y de muerte, y que “sólo los esforzados lo conquistan.” Juan cumplió su misión. Señor, que nosotros cumplamos la nuestra. Ven, Señor, conviértenos, haznos fuertes para la misión.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
13/12/2012
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
|