Jueves de la 34ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed que está cerca su destrucción. Entonces, los que estén en Judea, que huyan a la sierra; los que estén en la ciudad, que se alejen; los que estén en el campo, que no entren en la ciudad; porque serán días de venganza en que se cumplirá todo lo que está escrito. ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! Porque habrá angustia tremenda en esta tierra y un castigo para este pueblo. Caerán a filo de espada, los llevarán cautivos a todas las naciones, Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que a los gentiles les llegue su hora. Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación". (Lucas 21,20-28). 1. Para entender este evangelio, hemos de recordar que los profetas, para llamar al pueblo a la conversión, a veces utilizaban un lenguaje cargado de imágenes catastróficas. Las predicciones que hacían tenían una finalidad pedagógica; eran como la advertencia que el maestro hace al alumno de la clase perezoso y molestón al que dice: “si sigues así, suspenderás”. Algo así decía el profeta al pueblo: si seguís así y no os convertís, vais a terminar mal. Y les habla de catástrofes que van a venir. Pues bien, cuando Jesús habla a los suyos de su segunda venida, utiliza un lenguaje parecido. Hoy vuelve a hablar de la destrucción de Jerusalén, la ciudad obstinada en rechazarle. Sus habitantes vivirán el final con angustia y horror: será el momento del juicio de Dios y de castigo. Pero a los suyos les dice Jesús que se “alejen”, que “huyan”: ellos no han seguido el mismo proceder malvado; no le han rechazado, como los de Jerusalén. No perecerán, pues. Para ellos será momento de gozo y salvación, de victoria. De ahí que les diga: «Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación». 2. Es decir, el Juicio Final será día de terror para los que se hayan cerrado a la gracia y al amor de Dios. Pero para los que le hayan acogido lo será de gozo: «se acerca vuestra liberación». ”No son la destrucción y la muerte quienes tienen la última palabra, sino la liberación y la vida, porque Cristo resucitado es el Señor del cosmos, de la historia y de la humanidad”, comenta B. Caballero. De ahí que los evangelios de estos días hemos de escucharlos, no como amenaza, sino como invitación a la esperanza y al optimismo: la liberación que se nos ha anunciado y esperamos, llegará, está llegando. Tanta cosa mala que vemos en el mundo terminará. Los que se han cerrado a las llamadas de Dios serán “destruidos”, dejarán de alardear y perseguir a los discípulos. Pero para los que le hayan acogido, aquel día será el comienzo de la plenitud de la salvación: «entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria». Y viene para instaurar el Reino de Dios. Señor, tú vienes para librarme definitivamente de todas mis esclavitudes: de esta impotencia para vivir fielmente tu evangelio, de tanto pecado que habita aún en mí y que no logro vencer, y de tanta injusticia y desamor como hay en este mundo... ¿Cómo no desear y esperar confiadamente tu venida, Señor?; ¿cómo temer tu venida, si vienes para llevarme contigo? Si mirara la muerte con ojos de esperanza, ¡cuán distinta sería mi actitud ante ella! La esperaría con gozo y paz como a la que viene a abrirme la puerta para ir a Dios. 3. Hemos de vivir la espera del Señor con confiada alegría. Pero estando sobre aviso; porque también nosotros podemos ser malos alumnos y holgazanear y acabar de mala manera el “curso” de la vida. ¡Cuántos hay que fueron cristianos fervorosos, pero han terminado abandonando la fe o al menos el fervor de otros tiempos…! Se han ido cerrando a las llamadas del Señor y han ido perdiendo el gusto por las cosas de Dios y abandonando los sacramentos y la oración, hasta dejar de vivir los valores del evangelio para vivir los del mundo... ¡Qué triste, Señor¡ Tu venida puede sorprenderles sin estar preparados y suspender en el examen último. Líbrame, Señor, de caer en esa desidia. Que yo te espere, buscándote, remando hacia ti –aunque a veces reme entre la niebla- y orando y trabajando por el Reino de Dios. María, Madre, guárdame. Que persevere hasta el final en el amor del Señor.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
29/11/2012
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
|