Viernes de la 32ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Viernes de la 32ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre: comían, bebían y se casaban, hasta el día que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos.  Lo mismo sucedió en tiempos de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos. Así sucederá el día que se manifieste el Hijo del hombre.  Aquel día, si uno está en la azotea y tiene sus cosas en casa, que no baje por ellas; si uno está en el campo, que no vuelva.  Acordaos de la mujer de Lot. El que pretenda guardarse su vida la perderá; y el que la pierda la recobrará.  Os digo esto: aquella noche estarán dos en una cama: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán. »  Ellos le preguntaron: -« ¿Dónde, Señor?»  Él contestó: -«Donde se reúnen los buitres, allí está el cuerpo.» (Lucas, 17, 26-37).

1.      Continuamos meditando sobre la llegada del fin de los tiempos. Algo en lo que muchos no queremos pensar, o pensamos poco. Y así, corremos peligro de vivir insensatamente, como los del tiempo de Noé, que  “comían, bebían y se casaban, hasta el día que Noé entró en el arca”, sin pensar en nada más. No atendieron al testimonio de Noé y no se convirtieron. Y cuando no lo esperaban, “llegó el diluvio y acabó con todos”, sin estar preparados. Y lo mismo los del tiempo de Lot: “comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían...” Hasta que un día, inesperadamente, se les acabó todo: “llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos”, y se quedaron sin lo de aquí, y quedaron excluídos  del mundo futuro. Así, dice el Señor, “sucederá el día que se manifieste el Hijo del hombre”: vivirán entregados a sus tareas y asuntos materiales, olvidados de la vida del espíritu. Y el juicio les pillará por sorpresa también y, para  ellos, será la perdición... Para ellos... Y  para mí, Señor, ¿qué será aquel día?

2.      ¡Cuántas veces nos ha recordado esto el evangelio! Pero ¿lo creemos?  Somos como el que recibe avisos reiterados de que el río amenaza desbordarse y debe desalojar su vivienda, pero piensa que son falsas alarmas y sigue viviendo despreocupado. Hasta que un día le sorprende la riada y no puede salvarse. Hoy el Señor nos sale al paso una vez más, y nos recuerda que esta vida se acabará y, si queremos que tenga futuro, no podemos seguir viviéndola tan inconscientemente, preocupados sólo de “lo de abajo”, y olvidados de “lo de arriba”, de la vida en el espíritu. Y nos advierte: “el que pretenda guardarse su vida la perderá; y el que la pierda la recobrará.” Guardar la vida es vivirla egoístamente, pensando sólo en sí mismo y en los goces materiales. Y perderla es ponerla, como Jesús, a disposición del Padre y gastarla íntegramente en servicio del reino de Dios y de los hombres, nuestros hermanos. Señor, que así la gaste yo. Porque si así la pierdo, la conservaré, pues la recobrará trocada en vida nueva, gloriosa, eterna. Como la recobraste tú.

3.      Esta vida acabará. El Señor vendrá a juzgar. La vida futura dependerá de qué hayamos hecho en la presente. ¿Cuándo vendrá el Señor? Es lo de menos. El Señor no lo dice. Lo importante es estar preparados, pues el Señor vendrá sin avisar, estando en los quehaceres cotidianos. Y que “a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán”, será separado el justo del injusto, según sea hallado amando o instalado en el egoísmo. Los que hayan optado por Dios y su Reino de amor y servicio, serán conducidos a Dios. Y para ellos aquél será día de gozo y liberación. Pero los que no, serán entregados a la perdición. Y el día aquel  será de angustia y terror.  Pidamos al Señor vivir cada día amando y haciendo el bien, preparados siempre para el encuentro con él, venga como venga y llegue cuando llegue. Como la Beata Teresa de Calcuta,  que lo mismo veía la llegada del Señor y lo acogía en la Eucaristía y en la Palabra de Dios, que en el leproso que encontraba poco después en la calle y lo acogía y cuidaba con el mismo mimo y cariño. Así mantuvo su vida siempre “a punto”. Señor, que yo tenga los ojos del corazón así de iluminados por el amor, para percibir tu venida en tantos momentos de gracia y salvación que acontecen en la vida de cada día. Que cada día viva como si fuera el último que he de vivir. Así,  Señor, estaré siempre a punto, para cuando vengas a llevarme.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

16/11/2012


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