Martes de la 32ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo, dijo el Señor: -«Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: "En seguida, ven y ponte a la mesa". ¿No le diréis: "Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú."¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: "Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer. " (Lucas 17, 7-10). 1. En el Evangelio Jesús habla muchas veces de que la vida de los suyos se ha de caracterizar por una actitud de servicio a Dios y a los hermanos. Hoy, con esta parábola, nos enseña que este servicio ha de ser gratuito, no buscando una recompensa. Esto no lo entendían los fariseos y escribas. Para ellos la relación entre Dios y el hombre era una relación contractual: Doy a Dios para que Dios me dé; si cumplo la ley, Dios me tiene que recompensar. Frente a esto, Jesús enseña que no nos ganamos el amor de Dios con nuestro esfuerzo y nuestras buenas obras, sino que Dios nos lo da todo como don gratuito de su bondad… Por ejemplo, en la parábola del publicano y el fariseo que van a orar al templo, el publicano se confiesa pecador y pide humildemente a Dios que tenga misericordia de él, y a Dios agradó la “no presunción” del publicado, que se sabe pecador, un “pobre siervo”, no merecedor de nada, y salió del templo perdonado; mientras que el fariseo, muy satisfecho de sí mismo, desgrana ante Dios sus méritos y buenas obras. Y su “orgullosa presunción” de bueno y merecedor de “paga extraordinaria”, por cumplirlo todo, le perdió, de modo que no se fue perdonado a casa. Señor, que aprenda, la lección, dame un corazón humilde y agradecido a tu misericordia. 2. Así debe servir el discípulo: con humildad y sin presunción -enseña Jesús-. Dios es el Señor. El no nos debe nada; nosotros se lo debemos todo. Dios nos ha elegido para que seamos sus amigos. Y si el criado debe hacer lo que le manda el amo, ¿cuánto más nosotros, sus amigos, sus elegidos, debemos cumplir la misión que nos ha encargado? Y ello gozosamente y contentos, sin reclamar recompensa. Pues ¿qué mayor recompensa que servir al que nos ama tanto, que se ha abajado y se ha hecho uno de nosotros y nos ha hecho sus amigos? Tú eres mi Dios y Señor, ¿qué tengo que no sea don gratuito de tu bondad? Sobre todo, tu amor, ¿cómo podía yo merecerla? Por eso, Señor, ¿cómo no hacer gozosamente lo que me pides, sin exigir paga alguna? Y cuando lo haya hecho, confesaré con alegría, que “soy un pobre siervo, que sólo he hecho lo que tenía que hacer”. “Un pobre siervo”, ésa es la definición del cristiano. Y eso es lo que quiero ser yo, Señor: siervo tuyo y siervo de los hombres. ¿Es que hay mejor “paga” que trabajar por el Reino de aquel que me ama y a quien yo amo? Además, en tu bondad, nos has prometido que el que se haga tu servidor en esta vida, merecerá que tú te hagas su servidor en la otra: “Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela: os aseguro que se ceñirá, y los hará sentar a la mesa, y los irá sirviendo.” ¿A qué más puedo aspirar? 3. Cuenta un sacerdote que, siendo muy niño, cuando su madre escribía a su padre que estaba en el ejército, ésta le agarraba su manecita y la llevaba sobre el papel y para que hiciera unos garabatos. El padre conservó celosamente todas esas cartas. “Hoy –escribe- soy sacerdote, y, a veces, dudo si lo que hago es útil o no. Pero entonces recuerdo cómo escribía a mi padre de niño. Hoy creo que hago lo mismo: la gracia de Dios me lleva la mano, y sé que los garabatos que escribo agradan al Padre.” Yo, por mi parte, Señor, pienso que tú también me llevas de la mano a mí, y lo que escribo –lo que hago- también te agrada, aunque sea pobre y defectuoso. O como decía la Madre Teresa de Calcuta: “Yo soy el lápiz de Dios. Un trozo de lápiz con el cual él escribe aquello que quiere”. Señor, que yo sea tu lápiz. Que deje que tu mano bondadosa escriba lo que tú quieras con él.
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
13/11/2012
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
|