Miércoles de la semana 30ª del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Miércoles de la semana 30ª del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

«Jesús recorría ciudades y aldeas enseñando, mientras cami­naban hacia Jerusalén. Y uno le dijo: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?». El les contestó: «Esforzaos para entrar por la puerta angosta, porque muchos, os digo, intentarán entrar y no podrán. Una vez que el dueño de la casa haya entrado y cerrado la puerta, os quedaréis fuera y empezaréis a golpear la puerta, diciendo: "Señor, ábrenos". Y os responderá: "No sé de dónde sois". Entonces empezaréis a decir: "Hemos co­mido y hemos bebido contigo, y has enseñado en nuestras pla­zas". Y os diré: "No sé de dónde sois; apartaos de mí todos los que obráis la iniquidad". Allí será el llanto y rechinar de dientes, cuando veáis a Abraham y a Isaac y a Jacob y a todos los profetas en el Rei­no de Dios, mientras que vosotros sois arrojados fuera. Y vendrán de Oriente y de Occidente y del Norte y el Sur y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios. Pues hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos». (Lucas 13, 22-30).

1.      Jesús sigue caminando hacia Jerusalén. Al paso por las ciudades y aldeas, va ofreciendo la salvación a todos. Uno le pregunta si serán muchos los que se salvarán. Jesús no responde a esa pregunta, sino que señala el camino que hay que seguir para entrar en la fiesta de la salvación, y les pone en guardia y les urge a que se decidan a entrar ya: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha.” Esto es lo que importa. Lo demás es curiosidad. Y explica que la salvación se asemeja a un banquete que se celebra en una sala cuya puerta es estrecha. Todos están invitados a la fiesta, pero hay quienes no quieren entrar y dilatan la entrada o pretenden entrar sin esfuerzo alguno... Señor, que escuche tu invitación, que me decida a entrar por la puerta estrecha de la conversión que lleva a la salvación, acogiendo tu palabra y viviendo tu evangelio del amor, de la entrega y del servicio, sin miedo a las renuncias que ello conlleva.

2.      Con estas palabras Jesús nos pone en guardia también a nosotros y nos dice que no dilatemos la entrada. Porque puede llegar el momento en que queramos entrar a la sala de la fiesta de su salvación y ya no podamos: “Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán,” pues la puerta ya no sólo será estrecha, sino que estará cerrada. Habremos perdido el “ahora” oportuno. Y pediremos: "Señor, ábrenos.” Y él nos dirá: "No sé de dónde sois."  Y de nada valdrá aducir que somos miembros de la Iglesia,  que somos de los suyos, que hemos estado con él, que hemos escuchado muchas homilías y nos hemos sentando con él a la mesa de la eucaristía cada domingo: "Hemos comido y bebido contigo...." Pero la “comunión de la mesa” de poco sirve si no se da la “comunión de vida” con Jesús, si no hemos  cumplido la voluntad de Dios  que Jesús nos ha revelado. Por eso, nos dirá: "No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados."  Una vez que ha pasado el tiempo de salvación, sólo queda el juicio. Y quien haya rechazado la oferta de salvación y no haya vivido según el mensaje de Jesús no será reconocido por él y quedará fuera de la fiesta. Señor, dame tu gracia; que no dé más largas  a mi respuesta, que me convierta. Para que no tenga  que oír tus palabras de rechazo.

3.      Los judíos que escuchaban estas palabras se creían con todos los derechos a ocupar un puesto en la mesa del banquete del Mesías. Les bastaba ser hijos de Abraham, es decir, miembros del pueblo elegido. Jesús les dice que están equivocados: se salva el que acepta su mensaje y se decide por él y le sigue. Y si ellos no lo aceptan, otros ocuparán su lugar: “Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos.” Lo mismo puede ocurrirnos a nosotros, cristianos “practicantes”. No bastará la partida de Bautismo para tener segura la salvación, si no obramos las obras de Cristo: amar, entregarnos, servir a los más necesitados... Señor, para entrar por la puerta estrecha de tu seguimiento, cuántas cosas nos hacen gordos y grandes y estorban. Santa Teresa del Niño Jesús decía que el problema no es lo que nos falta, sino lo que nos sobra para ser santos. Y Unamuno oraba: “Agranda la puerta, Padre, /porque no puedo pasar; / la hiciste para los niños, /yo he crecido, a mi pesar. /Si no me agrandas la puerta, / achícame, por piedad, / vuélveme a la edad bendita /en que vivir es soñar.”  Señor, “achícame” despojándome de la soberbia, del afán de sobresalir, de la avaricia de acaparar y no compartir, de la tendencia a la comodidad. Sí, Señor, ayúdame a despojarme de tanto estorbo que me impide entrar a la fiesta de tu salvación. 

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

31/10/2012


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