Martes de la 30ª semana el Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Martes de la 30ª semana el Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, decía Jesús: - ¿A qué se parece el reino de Dios? ¿A qué lo compararé? Se parece a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; crece, se hace un arbusto y los pájaros anidan en sus ramas. » Y añadió: -¿A qué compararé el reino de Dios? Se parece a la levadura que una mujer toma y mete en tres medidas de harina, hasta que todo fermenta.» (Lucas 13, 18-21).

1. Algunos esperaban una implantación espectacular y rápida del Reino Dios. Con estas dos parábolas sencillas el Señor les dice que las cosas del reino de Dios son de otra manera.  Con él sucede como con la semilla de la mostaza; es muy pequeña, pero, sembrada, va creciendo, imperceptiblemente, hasta hacerse un arbusto, donde los pájaros pueden anidar. Así sucede con el reino de Dios. Su fuerza salvadora ya está actuando, como lo proclaman las acciones de Cristo. Es cierto que son pocos los que saben ver y acoger esa presencia salvadora. Y después de la muerte de Cristo, quedó sólo un pequeño grupo de gente ruda e inculta. Sin embargo ¡cómo se fue expandiendo el reino de Dios! Y a través de los siglos ¡con qué fuerza se ha ido revelando en los sencillos y pequeños que se han abierto a la acción del Espíritu! Así, en Teresa de Lisieux, Francisco de Asís, Teresa de Calcuta, el Cura de Ars y tantos otros. Ellos eran poca cosa, pero acogieron el Reino, y el Espíritu Santo lo hizo crecer en ellos hasta desbordarse. Y, por su testimonio, ¡cuántos acudieron a “anidar en sus ramas”! ¿Acojo yo con corazón sencillo y pobre el reino de Dios? ¿Cultivo esa semilla con la oración y la entrega? ¿Crece calladamente, pero sin detenerse? ¿Mi vida se convierte cada vez más en  llamada para que otros se incorporen al Reino?  

2. También lo compara el Señor a la levadura: está oculta en la masa, pero no está inactiva, lentamente la hace fermentar y crecer. Así actúa la fuerza salvadora del Reino. Está actuando en el interior de la vida y, misteriosamente, la va transformando. Hace más de dos mil años que la cosa comenzó en Galilea, con Jesús y los Doce, y hoy su fuerza transformadora sigue manifestándose en los que lo acogen y viven. Señor, que nosotros, elegidos por ti para ser levadura en la masa de nuestro mundo, nos dejemos “fermentar” por ti; que nos pongamos en tus manos, que te abramos las puertas del corazón y nos dejemos transformar. Así seremos levadura de tu reino de amor en la masa de nuestros ambientes, de nuestras familias, de nuestras comunidades, de nuestro mundo. 

3. A nosotros ¿no nos parece, a veces, que el bien es ahogado por el mal, que este mundo va a la deriva, y el desaliento y la desesperanza se nos quiere meter en el corazón? Hoy la Palabra de Dios pretende mantener enhiesta nuestra esperanza, recordándonos que la fuerza transformadora del Reino de Dios sigue actuando. El Reino de Dios es obra del Espíritu Santo. Y el Espíritu, calladamente, continúa obrando la salvación, y los frutos del Reino -el amor, la entrega, la solidaridad, la justicia, la comprensión, el servicio, la misericordia, el perdón- siguen floreciendo en nuestro mundo. A pesar de las dificultades y los fracasos, el Reino de Dios,  continúa y continuará abriéndose camino. Pidamos fervientemente cada día: “Venga a nosotros tu reino…” Y colaboremos en su crecimiento... Señor, que le dejemos crecer en nosotros,  hasta transformarnos y hacernos sentir y pensar como tú. Así seremos levadura, germen transformador  de este mundo.  

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

30/10/2012


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