Domingo 30º del Tiempo Ordinario (B)-

Paso la palabra. Para meditar cada día
Domingo 30º del Tiempo Ordinario (B)-
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: - «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí.» Muchos lo regañaban para que se callara. Pero él gritaba más: - «Hijo de David, ten compasión de mí.» Jesús se detuvo y dijo: - «Llamadlo.» Llamaron al ciego, diciéndole: - «Ánimo, levántate, que te llama.» Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo: - «¿Qué quieres que haga por ti?» El ciego le contestó: - «Maestro, que pueda ver.» Jesús le dijo: - «Anda, tu fe te ha curado.» Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino. (Marcos 10,46-52)

1.      Jesús sube a Jerusalén. Le acompañan los discípulos y bastante gente. Los discípulos van asustados, porque no terminan de comprender el sentido de la  misión de Jesús. El sufrimiento no entra en la idea que tienen de Mesías. Esperan un Mesías glorioso y ven que Jesús no lleva camino de ser lo que esperan. Algunos no sólo no entendían, sino que continuaban con sus ambiciones de ser los primeros. Así, los  hermanos Santiago y Juan llegan a pedir descaradamente a Jesús los primeros puestos para ellos. Han vivido con Jesús, le han escuchado sus enseñanzas, pero siguen estando ciegos en cuanto a la misión de Jesús. Frente a esta fe débil, sin profundidad, de los discípulos,  hoy el evangelio nos presenta la fe de Bartimeo. Está sentado a la orilla del camino; es ciego. No puede, pues, unirse al grupo que acompaña a Jesús. Pero al saber  que el que pasa es Jesús de Nazaret, el ciego “ve” que en Jesús se le acerca el amor y el poder de Dios. Y comienza a gritar: "Hijo de David, ten compasión de mí.” La gente pretende hacerle callar, pero Bartimeo grita con más fuerza: "Hijo de David, ten compasión de mí.” Y porque creyó y rogó, escuchó la palabra salvadora de Jesús: "Anda, tu fe te ha curado.”  Bartimeo  recobró la vista y, dejándolo todo,  se fue con Jesús por su camino de muerte.

2.      En nuestra sociedad hay muchos como Bartimeo, ciegos, esperando a la orilla del camino de la vida que alguien le ayude, que lo salve. Nosotros mismos ¿no somos Bartimeo?  Hoy, Señor, siento que pasas una vez más, y, como Bartimeo, te grito: "Hijo de David, ten compasión de mí.” Sí, Señor, tú que eres la Luz, abre los ojos de mi corazón para que vea que sólo tú puedes salvarme y llenar este vacío que a veces experimento;  que sólo en ti puedo  encontrar la paz y la felicidad que busco y nada ni nadie me da, porque nada hay que llene mi corazón. Señor, hoy no pases de largo. Concédeme “que pueda ver.” Que vea que tú eres el Camino, el  único camino que puede llevarme a la felicidad y a la paz que busco.

3.      De Bartimeo dice Marcos que, después de ser curado, “lo seguía por el camino.” Con ello Marcos presenta al ciego Bartimeo como modelo del discípulo que cree  y descubre en Cristo al Salvador, y se pone a hacer el mismo camino que Jesús. Y el camino de Jesús es de entrega y de servicio, de abajamiento y de muerte. No olvidemos que sube a Jerusalén, donde –como ha anunciado a los discípulos- va a ser entregado y, después de ser motivo de mofa y desprecio, será crucificado. Señor, que hoy vea y me ponga a caminar contigo, que me vaya tras de ti, como Bartimeo. Es duro tu camino, pero sé que a ti te llevó “más allá de la muerte”: a la Resurrección, al triunfo, a la plenitud.  Y a los que caminamos contigo, si no nos echamos atrás, nos harás llegar a la misma meta de gozo y de vida.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

28/10/2012


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