Domingo 29º del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Domingo 29º del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: - Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir. Les preguntó: - ¿Qué queréis que haga por vosotros? Contestaron: - Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda. Jesús replicó: - No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar? Contestaron: - Lo somos. Jesús les dijo: - El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reservado. Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús, reuniéndolos, les dijo: - Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos. (Marcos 10, 35-45)

1.      ¡Qué metida llevamos en el corazón la ambición de poder, de dominar, de estar por encima de los otros! Santiago y Juan  habían oído a Jesús hablar de que va a ser entregado y le iban a matar en Jerusalén. Y la ambición se dispara en sus corazones. Seguramente pensaron: “va a establecer su reino, hemos de buscar buenos puestos”. Y se acercan a Jesús con su ambición: “Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda”. Señor, te contemplo escuchando su petición con tristeza y desencanto. Les has dicho que vas a recorrer un camino de humillación y de entrega hasta la muerte para resucitar, y ellos quieren asegurarse puestos de honor!... Pero ¿quién puede criticar a los Zebedeos? ¿No estamos todos en ellos? ¡Con qué facilidad asoma también en nosotros, Señor, la ambición de figurar, de poder,  de ocupar primeros puestos, de estar por encima! Señor, ¿cuándo acabaremos de entenderte y de aceptar tus caminos?

2.      “No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?” Tampoco nosotros, Señor, sabemos muchas veces lo que pedimos. ¡Qué equivocados andamos! Nos decimos cristianos, pero seguimos poseídos por los criterios del mundo: lo importante es ser de los primeros, conseguir alabanzas y honores, estar por encima de los demás y dominar.  Y olvidamos que a tu reino sólo conduce un camino: la negación de nuestras ambiciones y orgullos egoístas, y aceptar el abajamiento para hacernos servidores de los otros,  la entrega hasta la muerte. Este es el cáliz que hemos de beber los  que te seguimos. Además, que “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, no da fruto.” Señor, ¡cuánto me cuesta entrar por aquí! Conviérteme, Señor, cambia mi corazón.

3.      Los otros diez tampoco tenían las cosas muy claras, y también sueñan con poder y gloria: “Al oírlo se indignaron”. Y Jesús les recuerda lo que podríamos llamar la ley fundamental que ha de regir la comunidad de Jesús: “Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos." La comunidad de Jesús  está llamada a ser, en el mundo, una comunidad de servidores, no de dominadores.  En ella, para ser primero, ponerse el último; para mandar, servir; para estar arriba, ponerse a los pies; para triunfar, perder; para vivir, morir.  Lo contrario de lo que pensaban los discípulos y pensamos muchos cristianos. Pero es lo que Jesús hacía: “Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos”. Señor, vacía mi corazón de orgullo, egoísmo y ambición de poder. Dame un corazón humilde capaz de servir a todos, como tú.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

21/10/2012


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