18 de diciembre - Adviento
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: - José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados. Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a su casa a su muje r. (Mateo 1,16. 18-21. 24ª). 1. Ya cercana la Navidad, aparece la figura de José, el esposo de María. Y aparece como un hombre que cree en el amor de Dios, que se fía de Dios, aun cuando no ve las cosas claras, aun en los momentos de oscuridad. Así aparece en el evangelio siempre, en los pocos episodios en que el evangelio alude a él. Así aparece hoy: desconcertado, sin saber qué hacer. No es que dudara -según muchos especialistas- de su esposa. Pero ¿cuál es su papel junto a María y al hijo que espera? ¿Es digno él, un pobre hombre, de participar en el misterio obrado en María? ¿Debe continuar junto a María o alejarse? Pero Dios le desvela su misión, Dios lo necesita: “ José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo ”. Y José acepta el misterio, y “ cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a su casa a su mujer”. 2. Así de sencillamente se puso José a disposición de Dios, y acogió el proyecto de Dios sobre él, la misión que Dios le confía: ser el esposo de María y asumir el papel de padre del Hijo de Dios, ser el custodio de ambos. Y será fiel, a pesar de las dificultades y de las oscuridades. Esta es la lección de José: aceptar la misión que Dios nos confía a cada uno; confiar en Dios, fiarnos de su amor, dejarnos guiar por el que nos ama, del que -precisamente porque nos ama- nunca nos va a fallar. ¿Es ésta nuestra actitud? Cristiano es el que cree en el amor de Dios y en su fidelidad para siempre, el que se deja guiar por Dios aunque no vea claras las cosas... San José, esposo de María, en estos días de espera, últimos días ya de adviento, intercede por nosotros: que nos fiemos del amor de Dios, como tú, que nos dejemos guiar por él, sobre todo, en los momentos oscuros de nuestra vida. 3. “(María) dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.” Como padre legal, José impondrá nombre al hijo de María. Jesús, - Yahvé-salva- será el nombre, porque el que viene, el que crece en el seno de María, “salvará a su pueblo de los pecados.” Dios siempre ha venido, ha intervenido en la historia para salvar, para liberar. Y para eso viene hoy -en este momento de la historia- a nuestro “Egipto” personal y comunitario, donde vivimos esclavizados, para romper las cadenas que nos impiden ser libres y poder crecer como personas y como hijos de Dios. Esta es la esperanza que intenta alimentar en nosotros Adviento. Ese es el grito de la liturgia en las vísperas de hoy: “Oh Adonai, Pastor de la casa de Israel, que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente y en el Sinaí le diste tu ley: ven a librarnos con el poder de tu brazo» Para que venga –se nos viene recordando- urge preparar los caminos. ¿Lo estamos haciendo? ¿Qué obstáculos descubro que quedan aún por remover? Dios viene. Pero ¿nosotros salimos a su encentro, dispuestos a aceptarlo? Oremos confiadamente : «Concédenos, Señor, a los que vivimos oprimidos por la antigua esclavitud del pecado ser vernos liberados por el nuevo y esperado nacimiento de tu Hijo .”(Colecta de la misa).
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
18/12/2007
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
|