Jueves de la 23ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Jueves de la 23ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «A los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian. Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores lo hacen. Y si prestáis sólo cuando esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo. ¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos. Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros.»  (Lc 6,27-38).

1.      En el Levítico se mandaba: “Ama a tu prójimo como a ti mismo.” A este mandamiento le dará Jesús una gran importancia y lo pondrá a la altura del mandamiento sobre el amor a Dios. Y, además, lo interpreta de modo nuevo; el prójimo al que hay que amar son todos, hasta los enemigos: “Amad a vuestros enemigo...” Es lo más revolucionario del evangelio: amar al otro aun cuando no nos quiera y se porte mal con nosotros.. Por eso, hay que responder al mal con el bien, a la maldición con la bendición, a las injurias con la oración: “Haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian”. Así ha de obrar el discípulo de Jesús. ¿No es lo que nos gusta que hagan con nosotros? Pues “tratad a los demás como queréis que ellos os traten”. Comentando esta llamada “Regla de oro”, dice A. Stöger: “El discípulo de Jesús no se ha de contentar con no hacer el mal, sino que ha de hacer el bien, todo el bien que él mismo desea para sí. El amor de nosotros mismos se hace ley y medida de nuestro amor al prójimo, amor que debe estar pronto a amar incluso al enemigo.” ¿Es ésta la norma que rige mi vida, sobre todo, con los que no me quieren o me hacen daño?

2.      Y la razón para comportarnos así con el enemigo es que “si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores lo hacen.” Lo de la copla popular: “Querer a quien no te quiere / a eso llamo yo querer. / Pues querer a quien te quiera / se llama corresponder... / ¡Y eso lo hace cualquiera!” Los seguidores de Jesús hemos de hacer lo que no hace cualquiera, es decir, amar al que no nos quiere, devolver bien por mal. Los ejemplos que pone Jesús  de presentar la otra mejilla al que nos hiere en una, y dar la túnica al que nos quita la capa, pretenden resaltar lo generoso que ha de ser el comportamiento del seguidor de Jesús: no devolver nunca mal por mal. Señor, ¡cuán lejos estoy aun de esta meta! Cambia este corazón mío tan cicatero, interesado, rencoroso y vengativo.

3.      Añade Jesús una razón más poderosa aún para amar al enemigo: Porque así obra el Padre del cielo, que nos ama gratuitamente, independientemente de cuál sea nuestro comportamiento. Nunca nuestras ofensas  –por graves que sean-  romperán el amor del Padre. Pues así ha de ser el comportamiento de sus discípulos con los demás: “Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo”. Así “tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos”. Sólo si amamos así, podremos decir con verdad que somos hijos de Dios: el amor desinteresado es el que nos hace semejantes al mismo Dios. Duro es lo que se nos pide el Señor. Pero es lo que Dios hace: amarnos sin condiciones, seamos buenos o seamos pecadores. Y, sabiéndonos amados así, ¿cómo no amar también nosotros al que no nos quiere y nos hace daño? Señor, sé que esto supera mis fuerzas. Pero sé también que las tuyas no me faltarán. 

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

13/09/2012


  • Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
  •