Viernes 21ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte
1. Preparación
Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.
Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.
2. La palabra de Dios
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: "El Reino de los cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: "¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!" Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: "Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas". Pero las sensatas contestaron: "Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis". Mientras iban a comprarlo llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: "Señor, señor, ábrenos". Pero él respondió: "Os lo aseguro: no os conozco". Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora". (Mateo 25, 1-13). 1. Los evangelios que nos está entregando el Señor estos días -contra lo que a primera lectura puedan parecer- no son evangelios para el miedo, sino para la responsabilidad y el trabajo gozoso, mientras esperamos que el Señor venga para llevarnos a la fiesta de su Reino. Con la parábola de hoy insiste en alertarnos para que estemos vigilantes y preparados para encontrarnos con el Señor. En cualquier momento, pueden llamar a la puerta e decirnos: "¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!” Bien sabemos que la muerte no avisa previamente su llegada. De hecho Jesús nos advierte: “velad, porque no sabéis el día ni la hora.” Y vigilar no significa vivir con miedo y angustia, con el alma en vilo, sin reposo ni paz, sino vivir responsablemente, con gozo y alegría, mi vida cristiana, vida de hijo de Dios y hermano de los hombres, en medio de los quehaceres y preocupaciones de la vida. Señor, que hoy escuche esta nueva llamada tuya. 2. Notemos que las diez doncellas estaban en casa de la novia esperando al novio y las diez se quedaron dormidas… ¡Ah! Pero cinco fueron sensatas y previsoras, tenían las lámparas y el aceite preparado. Por eso, cuando llegó el esposo, encendieron sus lámparas y se incorporaron al cortejo nupcial y pasaron al banquete. Mientras que las otras quisieron conseguir el aceite en el último momento, no les dio tiempo, y llegaron cuando la puerta del banquete estaba ya cerrada. Rogaron: “Señor, señor, ábrenos". Pero el Señor les respondió: "Os lo aseguro: no os conozco". Y no entraron al banquete. Así puede ocurrirnos a nosotros: estamos invitados al banquete del Reino, estamos en casa de la novia -la Iglesia-, esperamos la venida del Esposo –el Señor-; pero podemos estar sin aceite, es decir, sin vivir cada momento con sentido de evangelio, en el amor y la entrega, y al llegar el Señor inesperadamente, no estar preparados, y tener que quedarnos con la invitación en la mano, sin poder participar en la fiesta. ¡Qué triste sería, Señor! Que aprenda la lección: no puedo dormir tranquilamente, esperando acopiar –en el último momento- el “aceite” de las obras de una vida vivida según el Evangelio, en entrega a Dios y a los hermanos. Hacerlo así sería exponerme a que me digas, Señor “No te conozco”. Y quedar fuera de tu fiesta. 3. “Velad, porque no sabéis el día ni la hora". No sabemos ni el día ni la hora en que vendrá el Señor; pero sabemos que vendrá y sabemos también qué quiere que hagamos en la espera: trabajar por su Reino de amor, vivir el Evangelio, mantener encendida la lámpara de la vida con el aceite de la fe, de la entrega y el servicio a Dios y a los hermanos. Dice un dicho: «Vive cada día como si fuera el primer día de tu existencia, como si fuera el único día de que dispones, y como si fuera el último día de tu vida». Qué estupendo si así lo hiciera, Señor. Entonces, ¡sin temor alguno, sino con gozo saldría a recibirte cuando vengas a llevarme contigo al banquete de tu gloria! Porque –como decía san Agustín-: “¿Quién puede temer la vuelta del esposo, sino la mujer adúltera? La mujer fiel, que le ama entrañablemente, espera ansiosa su vuelta.”
3. Diálogo con Dios
A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.
31/08/2012
Artículos de "Al hilo de la vida y de mis reflexiones"
|