Lunes de la 21ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Lunes de la 21ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: -«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el reino de los cielos! Ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que quieren. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que viajáis por tierra y mar para ganar un prosélito y, cuando lo conseguís, lo hacéis digno del fuego el doble que vosotros!¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: "Jurar por el templo no obliga, jurar por el oro del templo sí obliga"? ¡Necios y ciegos! ¿Qué es más, el oro o el templo que consagra el oro? O también: "Jurar por el altar no obliga, jurar por la ofrenda que está en el altar sí obliga." ¡Ciegos! ¿Qué es más, la ofrenda o el altar que consagra la ofrenda? Quien jura por el altar jura también por todo lo que está sobre él; quien jura por el templo jura también por el que habita en él; y quien jura por el cielo jura por el trono de Dios y también por el que está sentado en él. » (23, 13-22).

1.      Jesús continúa desenmascarando a los escribas y fariseos, que dicen y aconsejan lo que hay que hacer, pero no cumplen lo que dicen. Ellos se preocupaban mucho de “parecer” buenos, pero poco de serlo de verdad. Cuidaban mucho lo que se ve; en cambio, el interior apenas les importaba. Hoy Jesús les reprocha que ni entran en el reino de los cielos, ni dejan que entre la gente sencilla del pueblo que sí creen en Jesús. Ellos que conocían mejor la biblia, en vez de preparar la venida del reino, con su oposición y rechazo a Jesús, alejan a la gente del Reino: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el reino de los cielos! Ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que quieren”. También a mí, Señor, -como cristiano y discípulo tuyo- muchos me miran y observan mis palabras y mis obras. Y hoy me pregunto: ¿Qué escuchan y ven en mí? ¿Ven que mi vida refleja lo que digo creer? ¿Mi comportamiento les invita a acercarse a ti y a tu Reino o más bien soy estorbo? Perdóname, Señor, por tanta falsedad e incoherencia.

2.      También reprocha Jesús a los fariseos su fanatismo legalista: se perecen  por hacer prosélitos, -es decir, por convertir paganos al judaísmo-, pero no los hacen sinceros adoradores de Dios, sino legalistas fanáticos e hipócritas como ellos. Son ciegos que guían a ciegos. ¿No nos reconocemos también en esto? A veces somos ciegos guiando a ciegos: procuramos “convertir” a algunos, o -como educadores o padres- orientar a otros, pero ¿a un cristianismo sincero, comprometido, de evangelio vivido, o a una vida cristiana, como la nuestra, rutinaria, de prácticas y rezos vacíos? Ilumíname, Señor. Dame un corazón sincero conmigo mismo y con los demás. Que mi vida, llena de tu Vida, sea luz para los demás, como fue la de Francisco de Asís  y la de tantos otros que se dejaron transformar por ti.

3.      Un reproche más hace Jesús a los escribas y fariseos, y es que se queden en nimiedades y distinciones sin importancia, como si obliga el jurar por el altar u obliga el hacerlo por la ofrenda que está sobre el altar. Cuántas cosas nos podría reprochar a nosotros también el Señor. ¿No vamos  demasiadas veces midiendo hasta dónde podemos llegar sin pecar? Pensamos: “Hasta aquí no es pecado, entonces no me obliga”...!  Y  apenas nos preocupa amar más a Dios y al prójimo, que es lo verdaderamente importante: Ser más serviciales y generosos y perdonar más, etc. Es decir, damos toda la importancia a la obligación, a la norma, a cumplir..., cuando el Señor lo que nos  pide es amar. Y en el amor no hay medida, no hay hasta “aquí sí o hasta aquí no”. ¡Qué fácilmente olvidamos que el cristianismo es religión de amor, no de normas! Si no amo, puedo cumplir todas las normas, pero estaré  lejos de Dios. Señor, destruye todo lo que queda aún de fariseo en mí. Deja en mi corazón sólo lo que es de hijo que se siente amado por el Padre y ama. Entonces seré discípulo tuyo, cristiano.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

27/08/2012


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