Domingo 21º del Tiempo Ordinario (B)-2

Paso la palabra. Para meditar cada día
Domingo 21º del Tiempo Ordinario (B)-2
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: -«Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?» Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: -«¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen.» Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo: - «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.» Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: « ¿También vosotros queréis marcharos?» Simón Pedro le contestó - «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios.» (Juan 6,60-69) 

1.      Hoy terminamos de meditar del Sermón del Pan de Vida, que hemos leído y meditado los últimos domingos. Jesús, se ha presentado a la gente como el pan de vida que ha bajado del cielo, el único que puede saciar y llenar de sentido la vida del hombre: “El que coma de este pan, vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo.”Ante estas palabras, la gente reacciona de distintas maneras. Unos se escandalizan y murmuran: “Este modo de hablar es duro. ¿Quién puede hacerle caso?” Ellos se habían entusiasmado tanto cuando la multiplicación de los panes, que quisieron proclamar rey a Jesús. Pero cuando les dice  que el pan que les va a dar es su carne, se decepcionan, porque no es ése el pan que buscan, ni es el salvador, que esperan. Y se marchan y dejan de ir con Jesús. ¿Para qué les sirve Jesús, si no les da lo que ellos buscan, ni es como ellos esperan? ¡Cuántos -y cuántas veces- hacemos lo mismo nosotros, Señor! De pronto, nos entusiasmamos contigo y tu Evangelio. Pero, cuando nos encontramos con tus exigencias, con que no eres según nuestros intereses, nos da miedo o nos decepcionamos y sentimos la tentación de echarnos atrás. Y lo triste, Señor, es que, a veces, sucumbimos a  la tentación y te dejamos.

2.      Y es que, miradas las cosas con los ojos de la carne, “este modo de hablar es duro”, el mensaje de Jesús resulta incómodo. Sin embargo, miradas a la luz del Espíritu, ¡qué Buena Noticia, qué gozo y qué liberación! Las palabras de Jesús son “espíritu y vida”, y, cuando son acogidas, no son duras ni amargas, sino que se convierten en canto de alegría y dulzura para el corazón. Pero, cuando nos acercamos al evangelio con ojos no iluminados por el Espíritu, sólo vemos lo oscuro de la renuncia y de la muerte. Señor y Padre nuestro,  concédenos ir a Jesús; que el Espíritu ilumine nuestros corazón para que descubramos en él al Salvador que tú nos has dado.

3.      Pero no todos abandonan a Jesús. Hay algunos que creen en él. No es que lo tengan todo claro. Pero se fían,  creen que sólo con Jesús pueden ser dichosos y sentir su vida llena de sentido. Por eso, cuando Jesús, al ver que muchos se marchaban, pregunta a los Doce: “¿También vosotros queréis marcharos”, Pedro responde con sinceridad: -«Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios.» Señor, que, cuando llegue la oscuridad y la duda, cuando  no vea claras las cosas que me pides, cuando me asusten tus exigencias y llegue la tentación de abandonarte, que escuche en mi corazón tu pregunta: “¿también tú quieres abandonarme?“ Y que te responda con la decisión de Pedro: «Señor, ¿a quién voy a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna…” Porque, después de haber vivido contigo y haber saboreado el gozo de tu amor y  misericordia, ¿cómo podría vivir sin ti, Señor? 

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

26/08/2012


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