Lunes de la 17ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Lunes de la 17ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la gente: «Sucede con el Reino de los cielos lo mismo que con un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su campo. Es la más pequeña de todas las semillas, pero cuando crece es mayor que las hortalizas y se hace como un árbol, hasta el punto que los pájaros del cielo pueden anidar en sus ramas». Les dijo otra parábola: «Sucede con el Reino de los cielos lo mismo que con la levadura que una mujer toma y mete en tres medidas de harina, hasta que fermenta todo». Jesús expuso todas estas cosas por medio de parábolas a la gente, y nada les decía sin utilizar parábolas, para que se cumpliera lo anunciado por el profeta: «Hablaré por medio de parábolas, publicaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo. (Mateo 13, 31-35).

1. Jesús había hablado muchas veces del Reino de los cielos. Los discípulos pensaban, como muchos de su tiempo, en un reino material, de esplendor y grandeza, que llegaría pronto. Pero están viendo que son pocos los que acogen el mensaje de Jesús, y que los mismos discípulos son pocos y de poca categoría social. Así las cosas, ¿cómo instaurar el Reino anunciado y hacerlo crecer?... A los cristianos de hoy ¿no nos pasa algo parecido? Miramos, Señor, el mundo tan lejos de tu reino de amor, de justicia y de paz, tan vacío de los valores del evangelio, tan insolidario con los pobres y marginados… y nos desanimamos, pues pensamos que somos poca cosa e incapaces de transformarlo… Señor, aviva en nuestro corazón la esperanza. Haznos ver que,  cuando se trata de las cosas de Dios, no cabe el desánimo en los que creemos en ti. Nosotros somos poca cosa, pero tú eres el Señor.

2. Con la parábola de la mostaza, Jesús dice a los discípulos que el Reino de Dios no es un reino de fuerza y poder, espectacular y avasallador -como imaginan ellos-, sino un reino humilde y de amor. Es como la semilla de la mostaza, que es diminuta, pero sembrada, crece hasta hacerse un arbusto donde los pájaros vienen a posarse. Así es el Reino de los cielos. No es obra de hombres,  sino de Dios, del Espíritu. Su fuerza transformadora no depende de los medios ni del número e importancia de los trabajadores. Hay que confiar siempre que Dios puede hacer grande aún lo más insignificante. La fuerza interior del Reino sólo necesita servidores de corazón sencillo y pobre, que lo acojan incondicionalmente. Como Teresa de Lisieux, Francisco de Asís, Teresa de Calcuta, el Cura de Ars y tantos otros cristianos. Eran personas sin importancia, pero acogieron la semilla sembrada, y el Reino creció en ellos hasta desbordarse,  y, a través de los siglos, ¡cuántos han venido a “cobijarse en sus ramas”!... Señor, de niño sembraste la semilla de tu Reino en mi corazón. Pero ¿la he cultivado, y ha crecido en mí? Que mi vida sea invitación para que  otros vengan a “cobijarse” en  tu Reino de amor, de justicia, de paz y santidad. 

3. Otra comparación pone Jesús: el Reino es como la levadura. Una pequeña parte mezclada con la masa basta para fermentarla toda. Así es la fuerza del Reino de amor predicado por Jesús... Es lo que vemos. Hace dos mil años que la cosa comenzó humildemente en Galilea, con el hijo de un carpintero y doce pescadores que contaban poco. Sin embargo, la fuerza transformadora del Reino proclamado fermentó todo el mundo conocido. Y hoy esa fuerza sigue manifestándose en las personas sencillas que acogen y viven el Reino, y por su influjo ¡cómo cambian las familias y los ambientes!... Señor, que nosotros, elegidos por ti para ser levadura en la masa del mundo de hoy, seamos fermento de tu Reino en la masa de nuestros ambientes, de nuestras familias, de nuestras comunidades. Es difícil, pero que el desánimo no pueda nunca con nosotros. Sabemos que la fuerza de tu amor vencerá el mal que hay en nosotros y en el mundo.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

30/07/2012


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