Domingo 16º del Tiempo Ordinario (B)

Paso la palabra. Para meditar cada día
Domingo 16º del Tiempo Ordinario (B)
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que ha-bían hecho y enseñado. Él les dijo: «Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco.» Porque eran tantos los que iban y venían que no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado. Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma. (Mc 6,30-34)

1.       Los discípulos vuelven contentos de su correría apostólica y cuentan a Jesús, al Maestro, lo que han hecho. El los invita a un sitio tranquilo,  para convivir a solas con ellos: “Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco.”  ¿Busco yo la comunicación con el Señor, para contarle todo lo que me ha ocurrido: alegrías, tristezas, ilusiones, desengaños…? El Señor nos espera y nos invita, pero ¿sentimos nosotros la necesidad de estar con él, “tenemos tiempo” para ello?  Y, sin embargo, sabemos que sin trato íntimo con el Señor, no es posible una vida cristiana plena, una vida apostólica fructífera. ¿Cómo vivir  la vida de Cristo,  cómo contagiarla a los demás, si no estamos llenos de él, si no tenemos los mismos sentimientos que él? Lo  dice J. J. Bartolomé: quien sabe perder su tiempo con Dios, gana a Dios y su misericordia. ¿Qué podríamos anhelar mejor que esto?...  Señor, que no lo olvide. Que comprenda que el tiempo dedicado a ti en la oración, no es tiempo perdido.

2.       Jesús quería descansar y estar a solas con los suyos, pero la gente siente necesidad de él y lo busca. Cuando desembarcan, Jesús se encuentra con aquella la multitud y siente compasión de ellos, "porque andaban como ovejas sin pastor". ¡A cuántos cristianos nos pasa lo mismo! ¿No nos sentimos muchas veces como ovejas sin pastor, desorientados, descarriados del camino de la Vida? Es preciso detenernos y disponernos a escuchar de Dios. El quiere  “enseñarnos con calma”, como hizo con aquellos que andaban como ovejas sin pastor. Pero ¿le dejamos?  El antes citado J. J. Bartolomé dice que no podemos quejarnos de que Dios no encuentra tiempo para nosotros, sino que somos nosotros los que no tenemos tiempo para estar con él a solas. De modo que no es Dios el responsable de nuestra desorientación, pues no ha sido él quien nos ha abandonado a nuestra suerte; si somos nosotros los que no queremos encontrarnos con él, a solas y en silencio, ¿cómo echarle la culpa a él?...  Señor, que te demos la oportunidad de enseñarnos el camino de la vida, porque corremos el peligro de escuchar a otros maestros, que no nos dan palabras de vida precisamente.  Ilumínanos. Que comprendamos que no hay más Maestro de vida que tú y nos dejemos enseñar por ti.

3.      Al ver a la gente que le busca,  Jesús no los rechaza ni se irrita, sino que renuncia a sus planes de descanso e intimidad con los discípulos, y “se puso a enseñarles con calma”. Jesús, siempre igual: no vive encerrado en sí mismo, sino que sabe mirar, adivinar las necesidades y problemas de los demás, y nunca deja de responder a sus peticiones. Esta es la lección que nos da el Señor hoy: saber ver a las personas que sufren y compadecernos de ellas. Cosa que, si somos sinceros, hemos de reconocer que muchas veces no hacemos. Vamos por la vida demasiado encerrados en nuestros problemas, preocupaciones, asuntos y planes y esto no nos deja ver los sufrimientos de los demás. Ni siquiera de quienes nos “gritan” su dolor. Tú, Señor, no eres así. Que hoy aprenda tu lección: que viva más abierto a los demás y  que nunca un plan mío pueda más que una necesidad de un hermano.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

22/07/2012


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