Lunes de la 15ª semana del Tiempo Ordinario

Paso la palabra. Para meditar cada día
Lunes de la 15ª semana del Tiempo Ordinario
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: -«No penséis que he venido a la tierra a sembrar paz; no he venido a sembrar paz, sino espadas. He venido a enemistar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; los enemigos de cada uno serán los de su propia casa. El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mi; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mi no es digno de mi; y el que no toma su cruz y me sigue no es digno de mi. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará. El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro. » Cuando Jesús acabó de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades. (Mateo 10, 34-11,1)

1.      Anunciar y vivir el evangelio no sólo causará contradicciones y persecución  a los seguidores de Jesús. Producirá también división en la sociedad y hasta en la familia: -«No penséis que he venido a la tierra a sembrar paz,... sino espadas”. Jesús no ha venido a “dejar en paz”, tranquilas, las cosas y los valores pasajeros de este mundo: sería una paz corrupta, y ésa no es la paz de Cristo. El ha venido a denunciar el mal y la injusticia. Su palabra será espada que separará el bien del mal, a los que acogen a Cristo y optan por los valores del Reino,  de los que los rechazan. La división llegará hasta el ámbito familiar: “El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí.” Tal vez estas palabas de Jesús nos suenen a demasiado duras y hasta escandalosas;  pero con ellas lo que pretende es remarcar la radicalidad de su seguimiento. Jesús no quiere  la discordia en la familia, pero el empeño en su seguimiento ha de ser tal que no ha de ceder ni ante la desunión de la familia. De hecho, -por ser seguidores de Cristo- muchos comenzaron pronto a vivir la experiencia dolorosa de sentirse rechazados por los familiares y la comunidad. Y tenían que optar: o Cristo o la familia. Ello no quiere decir que no haya que amar a padres e hijos. Sólo que,  cuando entre en colisión el amor a la familia y la entrega al Reino, éste siempre ha de predominar.  Señor, también ahora, cuando nos comprometemos seriamente con el evangelio, las incomprensiones llegan pronto. Y a veces hasta de los familiares y amigos…  Pero tú sabes, Señor, que para mí el valor supremo siempre serás tú y el Reino. Ayúdame.

2.      Pero no basta que digamos: “para mí Cristo es  lo primero”. Miremos con sinceridad nuestra vida. ¿De veras hemos renunciado a todo lo que nos impide vivir como cristianos? “…El que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí.  El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará”.  Tomar la cruz y seguir a  Cristo, lo mismo que perder la vida, es “morir” a todo lo que no encaja con su evangelio: el egoísmo, los intereses materialistas,  las actitudes de incomprensión con los demás, la injusticia, los resentimientos… Y no se trata de  renunciar por renunciar. Se trata de elegir. Y toda elección conlleva una renuncia. Si digo “sí” a Cristo y a su Reino, habré de decir “no” a los valores de la sociedad que se oponen a él… ¿A qué cosas no me atrevo a renunciar, aunque veo que me estorban para ser “seguidor e imitador” de Cristo?

3.      Después, Jesús habla del premio que obtendrán los que acojan a los discípulos que les transmiten el mensaje: “El que os recibe a vosotros me recibe a mí… El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro.” El discípulo es “un pobrecillo”, “un pequeño”, uno que no aspira a ser grande al estilo de los del mundo. Y los discípulos, Señor, te representan a ti, que los has enviado. Por eso, lo hecho a ellos, tú lo tendrás como hecho a ti. Hasta un vaso de agua dado en tu nombre tendrá su premio. Porque, como has dicho, Señor, en muchas ocasiones, al final, todo se decidirá por algunos pequeños detalles tenidos con los necesitados, aunque sea algo tan nimio como un vaso de agua fresca. Señor, que yo pase por la vida teniendo muchos “pequeños detalles” con los demás.

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

16/07/2012


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